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¿Por qué a los homosexuales les gustan los uniformados?

12 julio, 2011

Es cada vez más notorio el fetiche que policías y militares (aunque también bomberos y curas) generan y han generado en el imaginario de un considerable sector de homosexuales. Se crean páginas y grupos en las principales redes sociales gay, se publican anuncios, se ofrecen servicios sexuales, arrebatados se internan en cines porno insalubres y de poca monta. Todo por los militares y los policías, o por algo que tienen ellos y, según la visión de estas personas, no tienen los civiles. ¿Por qué hay tanta fascinación por estas personas?

Básicamente se debe a que hay una oposición binaria de masculino-femenino. Es decir, el policía o militar representan el ideal de masculinidad (aunque la experiencia en muchas ocasiones lo ponga en duda) y el homosexual, lo contrario. Si el policía o militar es el macho por excelencia, el homosexual se vuelve así la mujer femenina por excelencia. A muchos gays seguramente les costará admitir que, dentro de su inconsciente, funcionan como “la mujer” frente a los militares o policías. No debería alarmarlos tanto. Esta posición binarista suele invertirse, especialmente en los policías y militares homosexuales pasivos (que los hay), quizá porque la ideología que aprenden en sus instituciones radica en la total oposición entre masculino y femenino. De esa manera, si ellos asumen el rol pasivo, se tornan sujetos femeninos. Un ejemplo muy curioso fue posteado en el blog CineTauro hace unos meses, un relato titulado “De Rambo a Xiomara”, que actualmente ya no se puede conseguir porque el blog sencillamente fue redireccionado. En este relato, un militar en su primera experiencia como pasivo decide actuar como “una mujer”, su feminización llega al punto que le exige a su amante activo de turno que lo llame Xiomara. Es decir, una vez que accede a tener sexo con otro hombre, Rambo asume la posición binaria hombre-mujer, en la cual, como le toca hacer de pasivo, se vuelve Xiomara, una mujer tímida y recatada que disfruta la “masculinidad” de su hombre.

Pero este no es el caso más usual. Lo usual son los pasivos que les rinden culto a la masculinidad de los policías y militares (desde una posición femenina que a veces parece patológica, sobre todo cuando la excitación requiere necesariamente de un hombre uniformado). Y eso se da a través de los grupos que cuelgan videos y fotos de militares y de policías (aquí, aquí, aquí y aquí), robadas del Facebook y del Hi5 de sus víctimas, que ni siquiera sospechan que un montón de gays se hacen pajas a diario con sus fotos. De ahí que sea criticable la permisividad legal que permite Internet con respecto a la publicación y difusión de esas imágenes fuera de los perfiles. Es más, incluso hay una persona (que si no bordea, ya toca la patología) que tiene por afición filmar los culos y entrepiernas de los policías en uniforme, en las calles, y colgar los videos en YouTube. La pregunta es válida: ¿qué encarnan los militares y policías que los homosexuales les rinden un culto tan metódico y persistente? Nada en realidad: son personas como nosotros, con problemas, deseos, etc. Definitivamente el elemento que los caracteriza es externo, es un agregado: el uniforme. Sin uniforme no hay excitación. El uniforme representa que ellos pertenecen a ese grupo de “machos”, de aquellos que son hombres masculinos fuera de sospecha de cualquier feminidad. Estoy seguro de que un civil se pone un uniforme militar o policial, se toma una foto, la cuelga en esas redes y genera la misma excitación de los participantes que uno de verdad. Como diría un amigo: los efectivos son intercambiables, el uniforme no.

Estuve leyendo algunos de estos relatos sobre policías y militares. Uno que me llama la atención es “Mi tombo cajamarquino”, una especie de guía de cómo conseguir sexo con policías prácticamente en plena vía pública. Antes había tocado parcialmente el tema, en “¿Todo homosexual adora a un fascista?” (donde analizo una historia de un pasivo que es violado por un policía en un cine arequipeño). En este caso, me interesa resaltar cómo la construcción binaria macho-hembra funciona para construir la “estrategia de caza“ de policías.

Desde el inicio nos presentan al policía como “un pata alto de 180, blancón, grueso con unos brazotes”(un prototipo de “macho” que va a repetirse y reforzarse en todo el relato) y, sobre el narrador, que dice que “desde la primera vez que lo vi [al policía] me dije que tenía que hacerme suya”. Es evidente que el narrador se asume como un sujeto femenino en función del masculino al que quiere seducir. De hecho, el protagonista es la hembra que se ofrece al macho policía. Lo dice explícitamente: “una mujer encerrada en el cuerpo de un hombre”: “yo me hice el asqueado cuando me hablaron de mujeres, en toda la conversa me había mostrado mas femenino de lo que soy, para que quede claro que me gusta la pinga de macho, sentirme hembrita. y de ahí entendió y me dijo “ah ya tu eres de esos” y le dije “si, te molesta?”. me dijo que normal pero que no conocía otros como yo”.

Podemos ver un extracto muy ilustrativo:

se saco la casaca, la camisa, tenia un pechazo, una cajaza, unos brazotes de tombo. yo me derretía. le acaricie todo su cuerpo, se lo bese como si fuera su esclava. le baje su pantalón y salió su arma: asu era gruesa, bien gruesa, aunque no larga, de tamaño normal. mas que sufí para mi. asi que le mame su pinga policial mientras escuchaba que bufaba como toro macho, primero la cabecita con la punta de mi lengua, en ese hueco de la cabeza de su pinga, se le puso grandaza, cabezona. me dijo “tu la mamas mejor que mi trampa” me empujo la cabeza duro para que la meta toda en mi boca. era gruesota como su cuerpo de tombo. me cogió de la nuca fuerte para que no me escape, me sentía ahogar, se me caian las lagrimas pero era riquísimo, me encantana que me haga asi, que me maltrate mi macho policia. entonces me solto y empece a engullirme ya no solo su cabeza también su tronco, era un saca-mete riquísimo, el me agarraba con sus manos duras, grandazas. me dijo que le mame bien sus bolazas duras. y luego me dijo “ya ponte en cuatro perrita” me puse el lubricante en el potito y el se puso el condon con retardante. me dijo “que rico culito que tienes por mi madre”. y sin piedad me la clavo todita de golpe, ayyyyy grite como hembrita, que rico dolorcito sentía y el empezó a bombearme duro, me decía “puta madre que rico culito tienes carajo, esta bien ajustadito” y me daba y daba bien duro en perrito y por momentos yo sentía que me iba a desvanecer, mi sueño de tener un macho policía dentro de mi era realidad, podía sentirme como su mujercita que le aguantaba su pinga de toro macho macho.

En esta cita es evidente que la oposición binaria macho(policía)-hembra(gay) sostiene la fantasía sexual del narrador; sin embargo, hay algo adicional que podría escaparse a simple vista. No es solo que el narrador y el policía asuman la feminización del pasivo, sino también que el maltrato físico y el dolor forman parte del placer o de la excitación. Sobre el tema del masoquismo en los homosexuales he escrito anteriormente (aquí y aquí) y en este relato parece cumplirse a cabalidad la idea del maltrato físico como constituyente de más excitación. El dolor (casi hasta el desmayo) viene después:

de ahí me hizo sentarme sobre tu pinga, dándole la espalda, asuuuuu, sentía que entraba hasta mis entrañas, mi culito estaba en llamas y el gozaba y gozaba. yo decía asu con machos bravos el castigo es mas rico, porque de ahí me puso piernas arriba, las cogió con sus brazos y empezó a descender en mi culo con su pinga apoyada en todo su cuerpo. yo me iba desmayar y el me decía “asi me gusta perrita, que te quejes como hembrita, aquí esta tu policía para hacerte gritar” y me empezó a agarrar mis tetillas y empezó a mamarlas como pezones, como tetitas, estaban duras. “asi me gusta putita” seguía hasta que ya no aguanto mas y se deslecho en mi cara.

En “Sobre los penes grandes” me pregunté si el dolor era un rasgo constitutivo de la homosexualidad. Ahora estoy más convencido que sí, pues la homosexualidad tiene como constituyente universal el sexo con otro hombre. En este sentido, el coito anal es, por definición (en el imaginario, no necesariamente en todas las prácticas), más doloroso que el vaginal. De ahí que se requieran cremas, anestesias, dilatadores y toda una gama de productos para aminorar la sensación de dolor. Entonces, si me preguntan si los homosexuales somos masoquistas, yo respondería que por definición sí lo somos (aunque tenemos la capacidad de revertir esa tendencia constitutiva). De ahí que ese culto hacia los militares (como prototipo de macho) sea tan frecuente y esconda la violencia y la marginación a la que estamos expuestos (y, por supuesto, la perpetúe). Parece, efectivamente, que cada vez más buscamos personas que representen no solo la masculinidad, sino la violencia contra nosotros mismos. ¿Acaso en el verano no fueron policías los que masacraron a los que se asistieron a “Besos contra la homofobia”? Personalmente no me he olvidado, algunos otros creo que sí. Cada uno saque sus conclusiones.

Si quieren revisar un par de relatos en los que la violencia se representa ya no solo en el agresor, sino también en el agredido (un masoquista), revisen este relato y su secuela.

P.D.: Escribí sobre uniformados también aquí.

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Phillip Butters: nuestro chivo expiatorio

6 julio, 2011

Quiero comenzar explicando qué es un chivo expiatorio. Básicamente se trata de un personaje que tiene que ser sacrificado para pagar las culpas de los demás. En este caso, Phillip Butters es, en buena cuenta, un personaje que agrupa toda la violencia contra los homosexuales y lesbianas (él mismo es culpable de homofobia). A mi parecer, debemos concentrarnos en él. Si derribamos su poder mediático y conseguimos que le den un castigo ejemplar, promover un evento de alta recordación para los demás homofóbicos. Será un escarmiento, una batalla simbólica y legalmente ganada. Por eso, en estos días, pensé en una estrategia que fuera de veras efectiva, algo provocador.

Recuerdo que cuando empezaron las reacciones en contra de las declaraciones de Butters, aparecieron dos conductores que dijeron que se besarían frente a su casa, pues no había impedimento legal o moral para ello. Era una provocación en la lógica homofóbica de Butters, pero finalmente, ¿solo porque Butters no quiere que dos gays o lesbianas se besen frente a su casa, en la vía pública, deben huir del comentarista deportivo cada vez que lo vean? Obviamente, la ley nos da toda la razón a nosotros. En ese momento, con las manifestaciones de Gonzalo Torres, me pregunté por qué esa iniciativa no salía de los mismos gays. Es decir, a pesar de que hay una legislación que nos protege en esos casos, por qué no fue posible que alguien se parara frente a su casa y se besara, con un anuncio mediático previo para que toda la prensa registre los hechos. Quizá falta de valor, de ganas, de visión. No lo sé.

Creo que debemos llevar las declaraciones de Butters hasta las últimas consecuencias. Sé que le pusieron una demanda, pero como dice un amigo: ¿y? El tema ya se enfrió y, en serio lo digo, esto debería estar en agenda. Es cierto que muchos trogloditas (de la boca para afuera) apoyan las estupideces de Butters, pero hay otra gente que realmente lo detesta. Podríamos comprarnos el pleito, deberían hacerlo sobre todo los gays que tratan de ser lo más “visibles” que pueden. En lugar de ir a la Marcha o participar en otros eventos intrascendentes, creo que deben ir al frente de la casa de Butters a provocar toda su furia homofóbica. Sí, lo digo en serio. Sería una acción llamativa y trascendental. Claro, algunos tendrían que recibir algunos golpes (mientras todos los flashes y cámaras registran los acontecimientos). Butters tendría que llevar su homofobia hasta las últimas consecuencias y nosotros exigir respeto también hasta las últimas consecuencias. Y con esto, como nosotros tenemos la razón, Butters recibiría el castigo legal correspondiente (me encantaría verlo preso y despedido de su chamba) y los besadores volverían a meterse lengua en señal de que en este país nadie tiene derecho a prohibir que te beses en un lugar público, seas hetero, gay, bi, etc.

Visualicémoslo: diez  o quince parejas frente a la casa de Butters, sin pancartas y con toda la prensa convocada para el “Día en contra de Butters”. Mucha expectativa, uno que otro medio transmitiendo en vivo. Primera posibilidad: Butters sale como un energúmeno a pegarle a las parejas, en medio de flashes, cámaras y comentarios de horrorizados periodistas. Segunda posibilidad: Butters no sale. En ambos casos ganamos: en la primera, la ley lo castiga y nos da la razón a nosotros; en la segunda, demostramos que no le tenemos miedo ni a él ni a nadie que se haga el matoncito. Pensemos más en la primera posibilidad: Butters repudiado por homofóbico en todos los medios locales, los de fuera, todos los colectivos gays del mundo condenando la violencia contra la comunidad LGTB peruana y el Perú reflejado como el atraso troglodita del Tercer Mundo (como en la paliza de los policías), un pronunciamiento de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Aprodeh, etc. Una presión mediática tan grande que ninguna radio o canal de TV (salvo el canal evangelista) contrataría a ese cacaseno violento. Por último, pensemos cuál sería nuestro punto flaco, sobre todo el legal. ¿Acaso los besadores estarían cometiendo un delito? ¿Acaso no es la vía pública, no hay libertades sexuales? ¿Desde cuándo un tipo puede venir a amenazar a otros porque no quiere que hagan una acción que la ley no prohíbe? El delito de coacción y luego de violencia lo realizaría Butters. Tenemos la ley de nuestro lado.

Esta acción sería muy importante. Los gays estarían en los titulares de los periódicos y los noticiarios televisivos. Sería una acción ejemplar, dejaría un precedente: Butters sería castigado y con él todos los potenciales homofóbicos que entenderían que en este país ya no se puede violentar los derechos de los gays con tanta impunidad. Necesitamos algo fuerte, algo sonado y, sobre todo, algo que sirva. Butters es nuestro chivo expiatorio, en lugar de denigrarlo e insultarlo, utilicemos su propia homofobia, como si se tratarse de una llave de judo. Necesitamos que exista gente como Butters para que nosotros nos legitimemos. Y un Butters no aparece todos los días, es un perfecto chivo expiatorio.

Vamos con todo. Esto sí funcionará.

¿Para qué sirve la Marcha del Orgullo Gay?

5 julio, 2011

No sirve para absolutamente nada, salvo para marginarnos más. Es uno de esos eventos a los que hoy en día se va por moda y por comodidad, con los amigos heteros, porque es más chevere y cool “luchar” desfilando en un pasacalles colorido que exigiendo leyes; es decir, no teniendo una cultura política crítica ni desautorizando a los políticos que hacen leyes que nos perjudican. Claro, es más bacán y más fácil disfrazarte de bataclana e ir a marchar buscando el escandalete del día y la atención mediática (que le encanta mostrar lo payasos que pueden ser los gays, porque cuando hacen algo en serio no les prestan atención). Y eso que no me he referido a las personas que van a la Marcha a ligar o conseguir punto. Finalmente, ¿eso somos los gays, verdad? Cuerpos que reciben y dan pinga, o payasos ‘anormalitos’ que hacen reír a los ‘normales’. Yo me rehúso a creer eso. Un dato curioso: entre los conocidos y amigos que tengo en la universidad, son más los heterosexuales que van a marchar en apoyo a sus amigos gays que los mismos gays (al menos en mi círculo inmediato). Tener amigos gays y mostrarte tolerante se pone de moda. Le pregunté a un alumno la otra vez: “¿Por qué vas a marchar?”. Y el me respondió: “No sé, todos mis amigos van”. Esto, por supuesto, marca un antes y un después: la Marcha ya no impresiona a nadie, es una payasada totalmente inofensiva.

Pensémoslo un momento. ¿En realidad dicha Marcha se enfrenta realmente a algo? ¿Cambia algo? ¿Tiene un objetivo productivo? Yo me paso media vida pensando en qué ayuda esa marcha, cómo puede ser una posición de lucha. Es más, mis conclusiones son totalmente opuestas: la Marcha sirve para que los homosexuales sigamos siendo “los otros”, “los raros”, “los que no encajamos”. Me quiero referir a este texto argentino que circula en Facebook, titulado “Cinco razones para ir a la Marcha del Orgullo (o involucrarse de nuestros derechos)”. Así que vayamos en orden, desarmemos esos argumentos débiles que tantos cacarean sin cuestionar.

 No somos ni mejores ni peores que nadie, pero todavía hay muchos/as que experimentan vergüenza por lo que son o por lo que sienten, porque hay otros/as que se empecinan en hacernos creer que debe ser así. Vivir con alegría y libertad nuestra identidad es el primer paso para una sociedad mejor que celebre las diversidades y consagre los derechos para todos y todas.

Entonces deberían empezar por no dispararse a los pies. Me pregunto si aquellos que critican las imitaciones de homosexuales que hacen humoristas como Carlos Álvarez, Jorge Benavides o Los Chistosos se preocupan por criticar también los estrambóticos atuendos y comportamientos de las personas que desfilan en la Marcha. ¿O sea, me quieren convencer que Paolín Linlín es menos digno de representarnos que alguno de estos personajes de la Marcha? Yo no sé cuál es la necesidad de hacer más visible un tipo de homosexual minoritario poblacionalmente que está presentado hasta en exceso en la televisión y la radio. Es decir, si ya tenemos bastantes homosexuales afeminados (e imitaciones de los mismos), ¿cómo haríamos visible algo que ya es súper visible (los sábados en la noche y a la hora del almuerzo, de lunes a viernes, por ejemplo)? Muchos creen que esas imitaciones son ofensivas y denigrantes, yo me cuestiono al mismo tiempo si la Tía Tula, con su repetitiva y asfixiante búsqueda de marido-macho-alfa, no es tan (o hasta más) ofensiva y denigrante. Lo digo más claro: para el ridículo, la payasada y la risa ya tenemos bastante con los programas cómicos y con las obras de teatro de poca calidad como para seguir presentándonos como payasos. La pregunta es la siguiente: ¿cómo alguien haciendo el ridículo puede mostrarse como una persona digna de respeto? No lo entiendo.

 No hay una marcha del orgullo heterosexual sencillamente porque no la necesitan. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos todo esta diseñado para los heterosexuales: el cine, la oficina, la escuela, el trabajo y la tele. Entonces, una marcha nos encuentra, nos identifica, nos permite mirarnos l@s un@s a l@s otr@s . Por eso no solo nos juntamos en boliches o con amigos, una vez al año copamos Plaza de Mayo para que vean que existimos y no tenemos por qué ser ciudadanos de segunda. 

O sea, ¿la marcha es el único punto de encuentro de los gays de la ciudad? Totalmente falso. Lo que decía: esta Marcha está propuesta para generar el ridículo de los espectadores. Desde el siglo XVI (por lo menos, desde el Siglo de Oro), los travestis y “maricones” solo generan risa. Es cierto que el mundo está diseñado de manera binaria (masculino y femenino), pero deberíamos preguntarnos si en realidad esta es una condición que hace nuestros días invivibles o definitivamente insoportables. De hecho, hay una serie de instancias en donde los gays se pueden desenvolver sin problemas y sin necesidad de un espacio especial. Veamos un ejemplo: un cajamarquino, por ser cajamarquino, ¿necesita una oficina diseñada para cajamarquinos? ¿No podría utilizar una oficina que sirva para cajamarquinos, ingleses, limeños o japoneses? ¿Hay razones para que dicha oficina tenga algo especial? De hecho, hay otra pregunta de fondo: ¿qué es lo que tiene de especial un cajamarquino (frente al inglés, el limeño o el japonés) que requiere de una oficina? Creo que podría haber una serie de variantes posibles de acuerdo con los gustos del cajamarquino, así como hay una serie de variantes según el gusto de los homosexuales, pues no somos todos iguales ni tenemos los mismos intereses. Así como hay discos, saunas y tours de viajes para gays, habrá todo lo que se desee en el futuro. Cada vez que hay un mercado atractivo, habrá alguien que ofrecerá un producto o servicio. Recuerden esa insólita noticia del lanzamiento de una cerveza para gays: ¿qué tiene de especial? ¿estrógenos?

 Más que buscar ser excepciones, creo que deberíamos buscar igualdad. Y eso es lucha política (lucha de verdad): reclamar derechos, cuestionar a los políticos, elegirlos bien, informar a los electores. Las débiles iniciativas del pseudo activismo gay peruano, montado sobre un grupo de ONGs, no pasan de actividades alegóricas, algunas insoportablemente estúpidas, nada realmente concreto en leyes, ordenanzas o iniciativas semejantes. Prueba de ello son las últimas elecciones: no hubo ninguna influencia, no hubo una organización que se plantara fuerte frente a los postulantes al Congreso, no se hizo nada.

Si buscamos respeto, debemos hacer política. Es lo único que sirve. Lo demás son payasadas que nos marginan más.

 ¿Ves? Seguimos pensando en ese “todo el mundo” porque existe un modelo impuesto y en torno a él giran los fundamentos de nuestra falta de reconocimiento de derechos, nuestro miedo al rechazo en el trabajo, en la escuela, en la familia, en la calle… por eso necesitamos contarlo, mostrarlo, no negarnos a nosotr@s mismos y ser much@s en esta Marcha… porque el tamaño sí importa! 

¿Y por qué nadie cuestiona el modelo impuesto de ser gay? ¿Acaso los travestis y otros personajes representan a la mayoría? En realidad, es una marcha para nada representativa, donde el circo predomina. Dudo que alguien con dos dedos de frente o con una pizca de autoestima se anime a desfilar al lado de estas personas, que solo se disparan a los pies, que actúan exactamente como los homofóbicos quieren que actúen. No sé a quién se le ocurrió la estúpida idea de que presentarse como bicho raro es una posición de lucha. ¿Acaso no se busca la igualdad? ¿Acaso no se trata de mostrar que puede haber armonía entre nosotros, que podemos compartir espacios comunes? En serio, no le veo lógica a esta marcha, salvo para deslegitimarse.

 Nos imponen pensar que lo que nos hace diferentes de los otr@s es obsceno, antinatural, peligroso o contagioso. Somos todos diferentes y en eso radica justamente nuestra riqueza como sociedad. ¿No hay otros que piensan que vos sos el/la raro/a? Somos distintos pero debemos ser iguales en nuestros derechos. Y eso vamos a decir en esta Marcha. 

Este encuentro lo hacemos entre todos y todas, cada uno con su identidad, formas y estilos, de eso se trata, de reflejar la diversidad, aun al interior de nuestra comunidad.

Los medios (no todos) siempre van a contar lo que quieran. ¡Tratemos que puedan mirar mas allá de los hermosos culos y tetas! Vayamos tod@s a contar nuestra historia, nuestros reclamos y nuestras propuestas y deseos. La comunicación es fundamental a la hora de pensar la estrategia para luchar por nuestros derechos. 

Cito: “¡Tratemos de que puedan mirar más allá de los hermosos culos y tetas?”. No sé a qué medio de comunicación se le ocurriría hacer una apología filosófica-ética sobre la Marcha. En realidad, no tendría sentido porque ni siquiera la tiene. Los medios buscan la información más simple, más fácil de digerir. En este caso, se trata de confirmar lo que espera la mayoría de los televidentes o radioescuchas: que los gays somos todos un ejército de loquitas escandalosas y ridículas, payasitos que no podemos ser serios para exigir algo realmente importante: igualdad de derechos. Pienso en el político gay Harvey Milk y su cambio de look para iniciar su carrera, ¿o es que acaso se travistió para que lo tomen en serio? No sé por qué se insiste en una estrategia tan contraproducente. Para los medios, como nos presentan, solo hay payasada y ridículo en los gays, ¿o acaso a algún medio se ha acordado que esa Marcha es para exigir derechos y dignidad? En realidad, no los culpo, la Marcha no tiene nada de transgresora, solo confirma los prejuicios que tienen los medios (y buena parte de los homofóbicos) sobre nosotros. Yo me pregunto, solo por curiosidad, las personas que desfilan semidesnudas, que se ponen tacones de plataforma y sus trajes multicolores, ¿se visten de la misma forma a diario? Digo, ¿no se trata de que desfilen como son?

Desde que vas a comprar a la verdulería hasta cuando elegís qué persona amar, estás haciendo política. Y sí, está bien, necesitamos involucrarnos, cada uno desde el lugar que quiera para que ese 100% que integramos tod@s pueda lograr el 100% de los derechos, la igualdad, la inclusión y la libertad.

Entonces haz lucha política de verdad y no payasadas que no solo son inútiles, sino que te marginan más, que te ponen como un raro o un extravagante incapaz de articularte con el resto de la sociedad, de exigir derechos, de meter presión. Nadie se anima a hablar del fracaso ante las iniciativas legales en el Congreso, nadie cuestiona las exageradas medidas de la alcaldesa Villarán. Nadie hace lucha política. Todo está bien, hagamos payasadas, ¿no?

Carcajadas aparte, sigo pensando como en mi post La feminización del homosexual y el monopolio de la masculinidad. Tengo que informarles, si no se han dado cuenta, que los gays afeminados (los que resaltan en la Marcha) están en todos los medios de comunicación, son sumamente populares (Carlota, las locas de Los Chistosos, Paolín Linlín, Kenyón, además de Carlos Cacho, Peter Ferrari, etc.). Y no me vengan con que esa visibilidad es producto de su Marcha. El travesti y el afeminado siempre han servido para dar risa, no cuestionan nada, sirven para complacer el gusto de los homofóbicos más impresentables. Los ingenuos que creen que cuando salen travestidos están luchando contra el sistema se equivocan, están complaciendo al sistema, se reducen a la risa, al circo, al único lugar no peligroso que la homofobia les deja a los gays.

Ante los reiterados fracasos de la lucha política de la dirigencia LGTB de este país, ¿qué queda? Cacarear que la marcha fue un éxito, que hubo más gente que antes, que todo está mejorando, etc. ¿Qué es lo que oculta ese cacareo? Que seguimos siendo ciudadanos de segunda categoría, cojuditos que prefieren salir a marchar vestidos de bataclanas antes que exigir derechos y leyes que nos protejan. Lo mismo de toda la vida, nada ha cambiado.

¿Por qué no puedo besarme frente a tu casa, Phillip Butters?

1 marzo, 2011

En el año 2004, en Suecia, el pastor evangélico Ake Green fue condenado a prisión por usar pasajes de la Biblia en contra del matrimonio homosexual, lo que fue considerado una práctica discriminatoria que fomentaba el odio contra los homosexuales. En 2008, en Canadá, Keith Francis William Noble fue condenado a prisión por promover el racismo y la homofobia desde Internet. El año pasado, en España, el Ministerio de Industria multó con 100 mil euros a la cadena televisiva Intereconomía por lanzar una propaganda que, frente al Día del Orgullo Gay, presentaba “364 días de orgullo de la gente normal y corriente”. Este año, en el Perú, un comentarista deportivo dijo que agarraría a patadas a cualquier pareja homosexual que osara besarse frente a él o a su sacrosanta familia. Ese comentarista deportivo, ya lo sabes, eres tú, Phillip Butters.

Antes de que este tipo lanzara semejantes declaraciones en la radio, siempre intentó ser polémico en la televisión, incluso extremo. Dijo disparate y medio para llamar la atención, amparándose en su derecho a la “libertad de expresión”. Quiso ser diferente, sobresalir en medio de muchos periodistas peruanos que, es cierto, son bastante mediocres y pacatos. Pero Butters no es la excepción. Si revisamos su defensa contra la censura de personajes televisivos discriminadores como el Negro Mama, veremos que no hay argumentos sólidos, salvo la inevitable frase de un provocador ignorante: “a mí me parece que…”.

En el caso que nos ocupa, es ilógico que en un país en donde las libertades sexuales están garantizadas por ley una persona pueda incitar (y reiterar) violencia contra los homosexuales, solo porque sí, y quedar impune. Pensemos un momento, démosle algo de crédito al comentarista deportivo. ¿Hay, en realidad, alguna razón (no prejuicio, excusa patológica o antojo) para que su violencia se justifique? En realidad, Butters solo se entiende a sí mismo. Debemos preguntarnos desde cuándo la voluntad arbitraria e irracional de un individuo puede imponerse sobre el colectivo de los derechos y garantías que nos pertenecen a todos (homosexuales, heterosexuales, negros, blancos, miraflorinos o puneños). ¿Puedo mañana golpear a una pareja de heterosexuales porque no quiero verlos besarse frente a mi casa (así porque sí)? ¿Qué tal si mañana empiezo a golpear a todas las chicas morenas que se pinten el pelo de rubio? Están contrariando la naturaleza y, simplemente, no me gusta verlas. ¿Es así como funciona la lógica Butters?

Lo más cobarde de Butters es que escuda su propia homofobia en su familia, sobre todo en sus hijas. Sería más valiente que diga que odia a los homosexuales, sin dar tanto rodeo. Y es que la idea de la protección de la familia del macho manutensor resulta ridícula en estos años. Si Butters creyera realmente que sus hijas se van a contaminar y/o traumar para siempre viendo a dos homosexuales besándose, ni siquiera las dejaría ir al colegio, mucho menos saldría a la calle con ellas. El ‘mal’ está en todas partes, Phillip. Si Butters realmente pretendiera alejar a sus hijas del ‘mal homosexual’, tendría que construirles una esfera de vidrios oscuros, tendría que alejarla de la radio, la televisión (hay homosexuales afeminados en programas para amas de casa a la hora del almuerzo, Phillip), la prensa escrita (por cierto, en todos los periódicos amarillistas hay calatas, hasta sexo explícito, como en El Chuculún), Internet (número uno en pornografía de todos los tipos), etc. No tienes salida, Phillip, tendrás que matarnos a todos y a los que vengan para que este mundo sea el mundo que tú quieres. Pero para que no vayas a la cárcel y, ahora sí, dejes a tus hijas sin papá, haz algo bien simple: no nos mires. Ya está. Mira para otro lado y dile a tus hijas que hagan lo mismo. No nos mires; si tanto te molesta, baja tu persiana o mira para otro lado. Cuando nos vean (porque nos van a ver tarde o temprano, no siempre vas a estar a su lado) ahí vas a probar lo buen padre que eres explicándoles que en todas las civilizaciones y en todas las épocas ha habido hombres y mujeres que tuvieron diferentes maneras de amar. Nadie se hace homosexual por ver a un homosexual. No debe darte terror, pues siempre hemos estado aquí, solo que hoy tenemos las leyes necesarias para que, si se te ocurre concretar tus deseos homofóbicos, te conviertas en un delincuente. Y eso que no estoy hablando del pésimo ejemplo para tus hijas (y ahora sí trauma) de verte pateando a dos mujeres o a dos hombres por darse besos. Sería curioso ver cómo a patadas, con violencia, tratarías de destruir las muestras de afecto de dos personas. Patearías y patearías tratando de callar algún trauma que boicotea tu inconsciente, pues no hay manera de explicar una fijación tan extrema por los homosexuales, salvo que sea un problema que está dentro de ti.

Pero sigamos con tus argumentos. Hablas de falta de respeto. ¿A quién? A tu esposa, dices. Pues muy simple: que también mire para otro lado. Si no quieres que te “falten al respeto”, tienes que mirar para otro lado. Es sencillo, ¿o es que en realidad quieren vernos? Imagínate tener que acercarte y golpear a dos homosexuales solo para que no los veas besándose. Es más fácil que mires para otro lado, requiere menos esfuerzo, salvo que haya un impulso patológico dentro de ti que te insta a mirarnos, a destruirnos a nosotros y también a alguna parte de ti. Y si hablamos de falta de respeto, empieza respetando la ley y respetando a las personas que son diferentes a ti. Enséñales a tus hijas a respetar la ley, a vivir en una sociedad democrática, no en la época de las cavernas que es donde te has quedado. Eso es ejemplo y eso es respeto, pues lamentablemente el mundo que tú quieres está cada vez más lejos de ser posible. Nosotros vamos a seguir ganando derechos y tu amenaza lo único que ha conseguido es iluminar la necesidad de más leyes para censurar a quienes no saben vivir en democracia, usando la verdadera libertad de expresión con responsabilidad, en una sociedad que deja la inoperancia y el dogma católico-evangélico.

Por eso les digo desde aquí a todos los activistas y no activistas, a los hombres y mujeres de todas las orientaciones, que esta lucha se debe ganar primero con leyes. No me voy a cansar de decirlo, como lo he dicho aquí y aquí.

Pongámoslo así. Mañana podría convocarse a una besada contra la homofobia frente a la casa de Butters y no sería un acto de provocación, sino la más democrática comprobación de que el presidente García dijo la verdad cuando aseguró que las libertades sexuales estaban garantizadas por ley en este país. La idea es comprobar si las leyes en este país se cumplen. Los promotores de las leyes contra los crímenes de odio estarían felices porque este antecedente les daría argumentos visibles de la necesidad de proteger a la comunidad homosexual. Butters tendría que patear a todas las parejas que estuvieron en la segunda versión de Besos contra la homofobia, pues estos mismos activistas tendrían que ser consecuentes con su eslogan de “no tengo pedirle permiso a nadie para besarme con mi pareja” (ni siquiera a Butters). El comentarista deportivo tendría que patearlos a todos, a menos que no sea tan machito como dice, y quién sabe, conseguiríamos meterlo preso o que pague muchas indemnizaciones. Además, no creo que después de eso Radio Capital o algún otro medio contrate a un delincuente. Ese claro, sería el camino consecuente de los activistas, solamente se los estoy recordando.

Yo pienso diferente. Lo que sigo opinando es que se necesitan más leyes, aprovechar el momento electoral para elegir mejor a nuestras autoridades mediante el poder del voto. Me parece que es el camino más largo y lento, pero el que realmente da frutos estables: leyes. Es tiempo de renovar a los dinosaurios que repiten las ideas creacionistas o que idolatran al Papa, es tiempo de demostrar que las leyes de este país están sobre cualquier fe caprichosa o sobre cualquier deseo patológico.

¡Butters, al frente de tu casa ya no es tu casa, es la vía pública!

Y si quieres una explicación legal, lee esto.

Amenazan con pintas homofóbicas al presidente del MHOL

25 febrero, 2011

Como si no fuera suficientemente hilarante el panorama homofóbico de este país, esta mañana la casa del presidente del MHOL, Jorge Chávez, apareció con pintas amenazantes (“Muerte a los gays”), aparentemente firmadas por un grupo neonazi denominado Vanguardia Nacional. Además, fue dejado un sobre negro con una carta y fotos sacadas del Facebook del activista, a modo de advertencia.

Este tipo de homofobia tan marcada, según los fragmentos de la carta que reprodujo el activista en su blog, describe a un grupo ultraconservador (“el orden natural del todopoderoso”), cerrado en sus teorías hilarantes de ocupación sionista (los judíos son la ‘causa’ de todos los males del mundo) y bastante desinformado (“antagonismo de lo natural”). Debemos preguntarnos qué origina tanta imbecilidad.

Un homofóbico es una persona que no ha resuelto su propia homosexualidad. Un neonazi es una persona que achaca sus propios fracasos a los judíos y a los grupos disidentes. Para un homofóbico la homosexualidad es un problema propio que no puede resolver (heterosexuales y homosexuales finalmente lo resuelven) y que le causa gran tormento e inseguridad. Afirmar el odio irracional contra los homosexuales, amparado en la fuerza del grupo, le da cierta seguridad en medio de tanto tormento. De esa manera, ya siendo un neonazi, construye una explicación precaria del mundo, en donde él es una víctima de las conspiraciones de grupos ‘decadentes’, generalmente minoritarios. La homosexualidad constituye la decadencia máxima, pues atenta contra la ‘sacrosanta’ familia tradicional (una mentira puesta al descubierto en post anteriores). También, a pesar de todo el tormento en el que se mueven estas personas, se miran a sí mismos como mártires o héroes de una causa superior, una causa fácilmente manipulable por un líder al que obedecen ciegamente (el culto al líder es una característica evidente desde Hitler hasta los grupos neonazis de la actualidad).

¿Qué nos queda claro? Que hay gran terror de parte de grupos ultraconservadores por el avance en la lucha política de las minorías sexuales, especialmente en este año electoral. Los neonazis son personas que no pueden soportar que el mundo cambie y se distancie de la rigidez de sus moldes doctrinarios. Son tan cerrados que esperan que el mundo se adapte a sus retrógradas interpretaciones y no que las interpretaciones expliquen los cambios inevitables del mundo. A pesar de todo lo malo, este es un mensaje claro de que la sociedad está cambiando rápidamente, al punto que el fracaso de los ideales dogmáticos de estos grupos es evidente. El mundo está cambiando y personas como estas solo pueden intentar medidas desesperadas para intentar amedrentar a personas que nunca han negado lo que son, como es el caso del activista Jorge Chávez.

Varias cosas me distancian de Jorge Chávez y el tipo de lucha del MHOL, pero en casos como estos hay que expresar nuestra solidaridad y nuestro respaldo. Como le sugerí hace unas horas, debe hacer la denuncia respectiva y, por si acaso, andar con cuidado, siempre acompañado, pues estos neonazis son de un accionar muy variado (desde masacrar travestis en mancha hasta volantear propaganda neonazi en las Marchas del Orgullo), pueden ser chiquillos jugando a ser ‘salvadores’ o fanáticos totales. No estaría de más contactarse con Carlos ‘Techito’ Bruce, también amenazado por Vanguardia Nacional, para que lo sucedido rebote en los medios y genere declaraciones de parte de los políticos.

Menos golpes y más leyes

16 febrero, 2011

El sábado 19 de febrero el MHOL convoca a “Besos contra la homofobia: la resistencia”, nuevamente en la Plaza Mayor, a las 5 p.m.; una especie de continuación (aunque más política) de la actividad que la tarde del 12 de febrero terminó con varios activistas golpeados de mano de policías. Más allá de que la primera parte de esta actividad se les salió de control a los organizadores (supongo que no se imaginaban semejante golpiza), lo importante para resaltar, luego de los acontecimientos, son los logros políticos de los dirigentes que han sabido tener presencia en los medios, tanto nacionales como internacionales, hacer las denuncias respectivas (comisaría, Inspectoría PNP, Defensoría del Pueblo, instancias internacionales, ONGs derechohumanistas) y sacar declaraciones favorables de parte de distintos políticos (Alan García, Susana Villarán, Carlos Bruce, Susel Paredes, Ronald Gamarra, Hernán Núñez, Javier Diez Canseco, Jorge Ramírez, etc.). Me parece estupendo que el activismo LGTB en este país evolucione del compedecimiento mutuo a la exigencia de los derechos ciudadanos, de las leyes que nos protegen.

Me pregunto, por ejemplo, qué pasaría si un grupo de heterosexuales, hombres y mujeres, se hubiera besado en las gradas de la Catedral. ¿Los policías habrían reaccionado de la misma manera? Como bien señalan algunos, ni siquiera en manifestaciones realmente provocadoras, como el lavado de la bandera, se había visto tanta brutalidad. Cipriani tiene mucho que ver, él nos adora. En la web de El Comercio hay un sinnúmero de fanáticos religiosos para quienes el problema ha sido la falta de respeto hacia los católicos en su templo; sin embargo, ese argumento no resiste el menor análisis. Para comenzar, los hechos no fueron dentro de la Catedral, sino en las afueras, en la vía pública; en segundo lugar, y como bien ha enfatizado Alan García, las libertades sexuales en este país están garantizadas por ley, de modo que si no creo en Cipriani y la religión que dice representar, no tengo por qué atenerme a sus dogmas, pues mis derechos ciudadanos prevalecen sobre cualquier disparate religioso (esto lo debieron tener bien claro los policías). Si tanto les jode a los católicos, que miren a otro lado o que se muden a Nigeria. Si temen porque sus niños van a ver “un espectáculo antinatural”, igual, miren a otro lado o métanlos en una burbuja que los aísle del mundo; si temen que los pequeñines se van a “malograr” o “convertir en homosexuales”, son unos padres pésimos e ignorantes. ¿Cómo diablos les van a explicar la sexualidad llegado el momento? ¿Cómo les van a explicar la procreación? ¿Con la historia de la gallinita? Francamente estúpido, al punto de la vergüenza ajena. Y un imbécil ejemplar es Philip Butters, con sus últimas opiniones (¿acaso no es alarmante que el conductor de un programa radial promueva la violencia?).

La indignación ante la violencia policial ha llegado incluso a medios de otros países (mientras que en el Perú muchos medios conservadores han tratado de silenciar lo sucedido). En otros países, como Francia, Estados Unidos o España, lo que sucedió es visto con bastante horror y preocupación, les recuerda lo mucho que tiene este país de tercermundista y lo mucho que todavía tenemos que luchar. Había turistas que el día de la golpiza condenaban las acciones de los policías y se llevaban una pésima impresión de Lima, la que se supone es la capital de un país en progreso. Un amigo canadiense me hizo un comentario muy gracioso, referente a la idea de república bananera que manejan los países del primer mundo sobre Latinoamérica: según él, con lo acontecido el sábado, el Perú se parece a Macondo, uno de los prototipos de pueblo sudamericano que construyó el escritor García Márquez en sus obras.

Es una buena noticia que la lucha se esté tornando más política. Por ejemplo, me parece positivo que esta mañana los dirigentes del MHOL se reunieran con las autoridades de la Policía Nacional, después de exigir el día de ayer la renuncia del ministro del Interior y del jefe de la VII DETERPROL (PNP), quienes prometieron una investigación a fondo, después que el MHOL identificara a 12 de los suboficiales que escondieron sus gafetes al agredir a los activistas el sábado. Y eso no es todo: que el lunes Susana Villarán amadrinara el matrimonio simbólico de las parejas homosexuales en el Parque Kennedy, tras haber promulgado una ordenanza municipal en contra de la discriminación sexual, además de un curso de derechos humanos para los serenos, es una noticia excelente. Sus medidas son a favor de darle justicia (balance) a un grupo desprotegido. Precisamente esto es lo que más resaltaría de lo acontecido: leyes, cosas concretas, no solo declaraciones de indignación en época electoral. Necesitamos más Susanas Villarán en la política, necesitamos muchas en el Congreso para lograr lo que nos proponemos.

Respeto a los que se van a ir al segundo “Besos contra la homofobia” (al que no voy a ir, por cierto). Sin embargo, debemos observar que, en buena cuenta, todo lo positivo que ha ocurrido tras la golpiza es un efecto de las ordenanzas de Villarán para protegernos (medidas concretas)  y de la acción política del MHOL. Pienso que lo que no debemos descuidar es precisamente la lucha política: incluso los que dicen que no necesitan pedir permiso para besarse (un lema simpático) están amparados en una ley que protege las libertades sexuales, pues si estuviéramos en Nigeria o en Irán la situación sería muy diferente. Son más medidas como estas (y su estricto cumplimiento) lo que nos hace falta. Y las leyes se consiguen por medio de los políticos a los que elegimos. Si tenemos más políticos de nuestro lado, será más fácil tener leyes que nos protejan y que reconozcan nuestros derechos.

Jorge Chávez, del MHOL, a pesar de lo crítico que fui en mi post anterior, lo difundió y defendió el activismo alegórico porque este no solo apela a la razón, sino también a los sentimientos. Respeto esa posición, pero en un contexto como este, cuando las elecciones están tan cerca, la urgencia es activismo político, de una vez por todas. El MHOL tiene alrededor de 28 años de activismo, pero sobre todo se trata de activismo alegórico, lo que ha originado que la situación no haya cambiado demasiado con respecto al reconocimiento de nuestros derechos. La enérgica respuesta que he visto desde la golpiza policial me obliga a retractarme cuando subestimé al MHOL como fuerza política, pero es ahora más que nunca cuando necesitamos que se concentren en comprarse el pleito político y no se desvíen. Estas elecciones son claves porque se habla del reconocimiento de nuestros derechos y conseguir leyes a nuestro favor es trascendental.

Algunos dicen (con razón) que en la vida cotidiana seguimos siendo discriminados, odiados, marginados. Y esto no va a cambiar mañana, ni el próximo año, sobre todo si no tenemos un salvavidas (leyes) sobre las que apoyarnos. Créanme que con una actividad tipo “Besos contra la homofobia” tampoco cambiarán mentalidades en la cotidianidad, quizás hasta las hagan más homofóbicas e intolerantes. Pero hay algo que trasciende de las creencias personales o de lo que cada quien considere moral o inmoral: la ley. Hay demasiada preocupación sobre cómo nos miran (si nos quieren, si nos odian) los que no son homosexuales y muy poca preocupación en construir nuestra protección legal con acción política. Precisamente la acción policial del sábado ha sido tan condenable y favorable hacia nuestros intereses porque no hay un razonamiento legal que sustente esa violencia, que está fuera de norma, fuera de ley.

Si quieren hacer activismo alegórico solo porque les preocupa cómo los miran o cuánto los quieren los otros, entonces habrán desperdiciado energías valiosas. Sin una ley que nos proteja los homofóbicos podrán seguir marginándonos y el Estado les dará la razón a los homofóbicos. Si quieren que un policía se lo piense muy bien antes de darles un varazo, si quieren tener la seguridad de que ante un acto discriminatorio el Estado se pondrá de su lado, entonces pensemos en hacer política y en conseguir leyes. Y no hay mejor momento para hacer política, para pensar muy bien qué nos conviene, que este escenario electoral. Si no reducimos el número de homofóbicos que entran al Congreso esta vez, será una derrota significativa, pues tendremos que esperar por los menos cinco años para pensar en que alguien reconocerá nuestros derechos, cuando este pujante y prometedor panorama se haya enfriado. Si lo reducimos, tendremos el poder para sembrar los cimientos de un país más democrático en el que, incluso si los homofóbicos no quieren, tendrán que respetar la ley que nos protege.

Les recomiendo bajar el Manual de derechos humanos aplicados a la función policial (y leer especialmente el capítulo IV, inciso B, numeral 6).

Les recomiendo visitar la web del MHOL.

Les recomiendo revisar mi propuesta de activismo político para estas elecciones.

Ser homosexual no es un delito

13 febrero, 2011

Si bien ya subestimaba la actividad “Besos contra la homofobia”, lo que ocurrió el día de ayer en la Plaza Mayor de Lima y alrededores sobrepasa cualquiera de mis expectativas. Si la intención era provocar violencia homofóbica, con varios golpes de por medio, los organizadores y concurrentes lo consiguieron. Pero dudo que esa haya sido la intención de una actividad pacífica, donde nadie se esperaba macanazos, sino hacer uso de un derecho constitucional. Me pregunto cuál fue la razón del ensañamiento, de los excesos; me pregunto quién movió a los peones policiales para que actuaran de esa manera contra los que se reunieron para llevar a cabo esta actividad pacífica. ¿Es delito que un homosexual se bese con su pareja en un espacio público? No soy abogado, pero trato de entender cuál fue la razón, en qué ley puede estar amparada la violencia policial de ayer. No encuentro la respuesta, salvo el puro abuso, la arbitrariedad. Me hace recordar a los años 70, en Estados Unidos, esa época en que la homosexualidad era fuertemente reprimida por considerársele un delito. En nuestro caso debemos preguntar por el estratega y no por los peones. ¿Quién ordenó esa violencia? ¿Bajo qué razón?

Habría que desmenuzar los hechos. Aunque no soy testigo presencial, me parece sumamente provocador que homosexuales se besen frente a la Catedral, especialmente si tenemos a la cabeza a un homofóbico como Cipriani. Me parecía una idea divertida y controvertida hasta esta mañana, que me enteré de lo ocurrido por los blogs LGTB; sin embargo, con la respuesta policial el humor deja de tener sentido. Es increíble que (prácticamente) ningún medio haya reportado lo ocurrido, a pesar de la gravedad de los hechos. En la práctica seguimos siendo ciudadanos de segunda categoría y el silencio es la peor arma que se puede aplicar contra nosotros. Hay alguien que tiene suficiente poder para silenciar lo ocurrido, alguien con poder político, una autoridad. No tengo dudas. Sigo recibiendo fotos y videos sobre lo ocurrido. Son contundentes, la opinión pública estaría de nuestro lado, pero nadie dice nada.


Para el Blog de Lima Gay se trató de un “bautizo de fuego”. Es posible, siempre y cuando todos los asistentes hubieran tenido claro que los iban a apalear; sin embargo, para mí es un bautizo en algo inútil. ¿Se trató de un bautizo “activista”? Empecemos desde el inicio. Es válida la pregunta: ¿Han conseguido algo con esta actividad? Yo quisiera saber qué. Quiero que quede claro que me solidarizo con las personas que fueron víctimas de estos excesos el día de ayer, pero también tengo mirar los problemas de casa: ¿qué se consigue con una actividad de este tipo? Hay demasiado activismo “alegórico”, una pérdida de energía, y muy poco activismo político, sobre todo en esta época electoral. He visto en los videos gays y lesbianas sumamente valientes, con una energía admirable que retaba las varas de los policías. Yo solo les sugiero que usen esa energía en actividades más efectivas, que aporten en la lucha, para que en unos años nadie pueda cuestionar que dos personas homosexuales o lesbianas se besen en un lugar público, lo que no pasa ahora. Primero necesitamos la ley, muchachos. Necesitamos leyes que nos protejan para que no nos peguen como a perros, en lugar de actuar como si ya tuviéramos esa protección. Creo que en ese sentido, el activismo político es más efectivo y se reciben menos golpes, por cierto. Tómenlo como sugerencia, esa admirable energía puede engendrar un activismo político poderoso que consolide una diferencia, sobre todo en esta época electoral.

Hace un par de días publiqué un bosquejo de estrategia para presionar a los políticos en estas elecciones. Casi todos los que lo leyeron dijeron “muy bonito”, “qué idea tan interesante”, pero nadie hizo nada realmente productivo. Nadie lo criticó, ni lo objetó, ni lo mejoró; tampoco nadie se puso en contacto para empezar a llevarlo a cabo. Jorge Chávez, de parte del MHOL, me dijo amablemente que estaban implementando una campaña llamada “Voto informado”, para señalar cuáles son los candidatos que están en contra del reconocimiento de nuestros derechos. También difundió mi post en su Facebook personal. Después le escribí por Facebook a Chrisstian Olivera, “director ejecutivo” del MHOL, pero no hubo respuesta, ni siquiera críticas. Solo silencio, ese silencio que nos aplasta una y otra vez, desde casa y desde fuera de casa.

Y ese silencio siguió en varios blogs y redes sociales gay, donde el último single de Lady Gaga fue más relevante que trabajar juntos en una estrategia política contundente a favor del reconocimiento de nuestros derechos. Aceptémoslo: la comunidad LGTB quiere seguir siendo víctima, quiere seguir recibiendo palazos, quiere seguir llenándose la boca con frases imbéciles, pero no quiere hacer un cambio, le hace falta huevos. Tal vez es cierto lo que leí una vez: el MHOL no tiene influencia en la comunidad LGTB, salvo para las actividades alegóricas como la Marcha del orgullo (porque ahí es más fácil conseguir un punto) o para ser contactado por los medios cuando matan a algún gay. Nada útil, siempre tarde. No puedo creer que un tipo como yo les pida que hagan activismo a los activistas, activismo político, activismo de verdad. Sería bueno que haya más que actividades sin sentido, en donde la gente va a recibir golpes gratis. Aunque esa es responsabilidad de los organizadores.

En momentos como estos, la definición de ‘homosexual’ como ‘cobarde’ parece tener sentido. Somos unos mariconazos totales, no podemos hacer nada significativo por nuestros derechos, salvo compadecernos entre nosotros, hacer rebotar las fotos en las que nos pegan y repetir frases imbéciles. Por pereza, por miedo, por indiferencia. Y no me vengan con eso de que  estamos en pañales: ¿cuántos años de activismo tenemos? Son más de cinco, más de diez, ¿y qué se ha conseguido con las patéticas marchas del orgullo peruanas y las otras actividades alegóricas, malos remedos de lo que se hace en países donde el contexto es sumamente diferente? ¿Qué se ha conseguido con estas actividades alegóricas?

De ahí, claro, cada vez que matan a un homosexual, salen los voceros a decir que somos unas víctimas totales, pobrecitos de nosotros los gays, que ¡ay! la sociedad me desprecia y que ¡ay! los crímenes de odio. ¿Y qué tipo de activismo de mierda hacen ustedes para contrarrestarlo?  ¿Por qué no cambian de una vez su masoquismo vicioso? No somos víctimas, ¡no lo somos! Tenemos el poder del voto y el poder del consumo, el poder de remover de sus cargos a los malnacidos que ordenaron la violencia de la tarde de ayer y el poder para quebrar los negocios de los homofóbicos. Pónganse las pilas, hagan circular un comunicado de prensa, exijan un pronunciamiento de parte de los candidatos presidenciales. ¡Firmas por votos! Ustedes se definen como activistas y han decidido estar al frente, entonces hagan eso significativo. Este es un momento importante para nosotros. Hablen con Bruce, con Villarán, necesitamos que los políticos se pronuncien, que esto se sepa. La lucha es política, no hay otra manera.

A los que fueron golpeados les sugiero que no se queden callados. Sé que hicieron una denuncia en la comisaría, que avisaron a la Fiscalía. Eso está muy bien, no dejen que los callen. Vayan a la Defensoría del Pueblo y a Inspectoría de la Policía, a los medios, pidan pronunciamientos de parte de los políticos. En este momento necesitan un abogado que los asesore para que esto no quede impune. Necesitamos demostrar que no nos vamos a quedar a llorar en casa, necesitamos hacer saber que estamos molestos y que esta acción va a tener consecuencias. Acción política, activismo de verdad. Hagamos algo, algo de lo que podamos estar satisfechos mañana para poder besarnos en donde se nos dé la gana al tener una ley que nos proteja.

Las imágenes son de Blog de Lima Gay, pueden verlas aquí.

En la web de El Comercio hay una nota sobre lo ocurrido. Pueden leerla aquí.

Nuestra contraofensiva electoral

11 febrero, 2011

El martes 8 de febrero los congresistas peruanos archivaron los proyectos de ley sobre la unión civil y patrimonio compartido entre personas del mismo sexo, según veo, por una interpretación legal sumamente antojadiza, más religiosa que científica. Sin duda esto constituye un duro golpe conservador a los avances de la lucha por el reconocimiento de nuestros derechos; pero bien, una vez asumido el golpe, ¿nos vamos a quedar de brazos cruzados, inmóviles, patéticamente quietos? ¡De ninguna manera! Tenemos que contrarrestarlo presionando a los candidatos presidenciales y congresales, hacerlos sentir que somos un sector electoral importante, que si nos ningunean o nos niegan los derechos perderán un considerable número de votos. Debemos dejarles claro que el estereotipo de loca de escandalete farandulero no representa a la mayoría de nosotros y que somos más, muchos más de los que ellos se imaginan. Es el momento de hacer una maniobra política que sea tajante y que sirva de precedente para el resto de la vida electoral de este país. Podemos hacerlo, por primera vez tenemos fuerza y presencia en la agenda política de los candidatos presidenciales, en los medios y en la sociedad en general. Si el golpe conservador ocurrido en el Congreso fue duro, nuestra respuesta debe ser diez veces más dura y drástica. ¡Démonos cuenta! Tenemos el gran poder del voto, el poder del que dependen los candidatos que se están postulando, el poder que hace la diferencia entre quién es elegido presidente y quién no, entre quién es elegido congresista y quién no. Somos ciudadanos con el poder del voto y vamos elegir quién nos representa y quién no. Y no solo eso, podemos convencer a nuestros familiares y amigos para que no voten por gente retrógrada.

En este momento, instituciones como el MHOL deben convocar a toda la comunidad LGTB para responder en bloque, con toda la fuerza posible. Podría ser convocando a una conferencia de prensa y anunciando la respuesta del caso, un apoyo en votos hacia los candidatos que apoyen nuestra lucha. Nadie dijo que conseguirlo sería fácil y prueba de ello es lo que acaba de ocurrir en el Congreso, pero no debemos desperdiciar la oportunidad en la que tantos políticos están de acuerdo en reconocer nuestros derechos. Debemos mantener nuestra presencia en los medios, inundarlos, estar ahí. Pensémoslo bien. Nosotros vendemos noticia, somos noticia, siempre somos atractivos para la prensa. Usemos ese poder también. Es hora de empezar a plantear estrategias para hacer la diferencia en esta campaña electoral y comprometer a las futuras autoridades en las promesas que hicieron con respecto al reconocimiento de los derechos de las minorías sexuales.

En el blog Con una mirada gay se hizo una propuesta que no puede ser más oportuna: hacer firmar a los candidatos que estén a favor de la unión civil entre personas del mismo sexo, incluyendo igualdad con respecto a bienes gananciales, patrimonio compartido, herencia, seguridad social, pensiones, acceso a créditos conjuntos, toma de decisiones sobre la salud del compañero(a) en caso de emergencia, visitas para el compañero(a) en el hospital o la cárcel, etc. Como es evidente, no estamos promoviendo el “matrimonio gay” (que incluiría, por ejemplo, la tan temida adopción de niños), no promovemos eso, que quede claro, sino igualar gran parte de las condiciones de vida con respecto a una pareja heterosexual; es decir, algo más parecido a la unión civil. Se trata de un compromiso de honor que cada candidato que esté a favor deberá firmar a cambio de nuestros votos. En este caso, propongo que el MHOL y otras instituciones afines, a nombre de la comunidad LGTB, se comprometan a darles su respaldo. ¿Y en qué consiste ese respaldo? El MHOL y todas las organizaciones afines deben informar a la comunidad sobre estos candidatos favorables al reconocimiento de nuestros derechos, de nuestra causa. Deben informarnos de quiénes son los candidatos ’gayfriendly’ para que nosotros y nuestros familiares y amigos votemos por ellos en esta elección, pues mientras más congresistas tengamos de nuestro lado más fácil será alcanzar el reconocimiento. En el caso de los candidatos que no estén interesados en firmar y comprometerse a impulsar estas medidas, el MHOL y las organizaciones informarán de cuáles son estos candidatos, de modo que de ninguna manera votemos por ellos. Nosotros podemos hacer la diferencia entre un candidato elegido y uno no elegido, vamos a demostrarlo en esta elección. Firmas por votos, esto es lo que debemos exigir.

Para comenzar, los congresistas que se pronunciaron en contra de los proyectos de ley que fueron archivados y que se estén postulando en esta nueva elección, perdieron nuestro voto automáticamente. Quiero la lista de esos congresistas para publicarla, vamos a hacerla rebotar en todos los blogs, redes sociales, chats y páginas gay. Esos congresistas que nos perjudicaron deben volverse inelegibles para la comunidad LGTB. Tachémoslos totalmente. Que voten por esos conservadores Cipriani  y sus secuaces del Opus Dei. Respondamos con algo concreto: nos perjudicaron oponiéndose a nuestra ley, entonces pierden para siempre nuestros votos y los de nuestros familiares y amigos.

Los bloggers y los administradores de páginas web debemos hacer rebotar en nuestros lectores esta estrategia contra los políticos conservadores. Informemos, hagamos esto en conjunto, les prometo que dará resultados. Somos una fuerza más grande de la que se imaginan algunos ingenuos, por lo cual no debe ser subestimada. Olvidémonos del activismo alegórico-circense y concentrémonos en el activismo político. La elección está a un par de meses, suficiente tiempo para que esta estrategia funcione y seamos una fuerza que los políticos tendrán que respetar. Dejémonos de victimizarnos y encaminémonos en hacer esta lucha efectiva, que puede ser histórica y cambiar para siempre el escenario político. Todos estamos aquí y el reconocimiento de derechos está muy cerca, ahora debemos presionar.

Esa es la estrategia en conjunto que propongo. Pero esto no funciona con una sola persona. Necesito que sea enriquecida y mejorada por ustedes, que todos los que puedan aportar desde algún campo profesional (publicidad, periodismo, derecho, sociología, etc.) o no profesional lo hagan. Y como primer paso, enviémosles cartas a todos los candidatos a la presidencia y al Congreso (más abajo ajunto la lista de todos los candidatos por Lima), adjuntando un compromiso de honor de ambas partes, tanto del político como de la comunidad LGTB, representada por el MHOL. Si el compromiso es devuelto firmado, les daremos nuestro voto; de lo contrario, les será negado y ninguneado por toda la comunidad LGTB y nuestros familiares y amigos. Les aseguro que habrá muchísimas respuestas y desde todos los partidos.

Bajar lista de Candidatos al Congreso por Lima 2011

Disparates conservadores

2 febrero, 2011

La noche de ayer, en el programa La hora N de Jaime de Althaus, me partí de risa durante 20 minutos escuchando las cantinfladas de Martha Chávez, candidata al Congreso por Fuerza 2011. Al mismo tiempo, descubrí a Susel Paredes, candidata de Fuerza Social, una lesbiana sumamente lúcida y de espíritu combativo que se comió viva a la candidata fujimorista durante el debate televisivo.

Me ha dado muchísimo gusto ver cómo los candidatos ultraconservadores, otrora horrorizados con la posibilidad de la unión entre personas del mismo sexo, hoy tengan que considerar esa posibilidad entre sus temas de agenda, posicionándose a favor, seguramente por el momento electoral que estamos viviendo. No puedo describir mi alegría (medio revanchista, la verdad) por los avances que las ideas progresistas están consiguiendo y, cómo no, por el retroceso de creencias prejuiciosas y disparatadas, como las defendidas por Chávez el día de ayer. Por ello, lo que he preparado es una especie de disección de los argumentos de Martha Chávez, para señalar sus falacias y reírnos todos juntos.

Previamente, quiero decir que, si bien la candidata Susel Paredes ha defendido de una manera consistente por qué es mejor optar por el matrimonio y no por la unión civil, me parece bastante improbable lograrlo en esta elección, hablando electoralmente (la adopción de niños le da terror a mucha gente, incluso a los mismos homosexuales), aunque a mí me parezca lo correcto. De hecho, aun si votara por Fuerza Social para la primera vuelta, son nulas las probabilidades de que un candidato que ofrezca el matrimonio gane las presidenciales en segunda vuelta. Pensándolo fríamente, la unión civil es un gran avance, aunque por el momento sea una especie de autodiscriminación, como Susel Paredes describe muy bien. Lo que deberíamos pensar es que se trata de un paso importante, mas no el fin de la lucha por el reconocimiento pleno de derechos. Aclarado este punto, empecemos a divertirnos con las argumentos de Martha Chávez.

Creo que la naturaleza no se puede cambiar cambiando dos palabras de un código. El matrimonio es el matrimonio. Es una institución natural.

Definitivamente no es una institución natural, sino cultural. “Matrimonio” tiene un punto de partida específico en la legislación romana que no es válido en todas las épocas ni en todas las culturas. Incluso en la Biblia, en el Antiguo testamento, se contemplan combinaciones que no tienen que ver con el matrimonio romano, especialmente procreación entre hermanos o  poligamia, por citar dos ejemplos flagrantes. Podemos ser más explícitos y considerar algunos puntos de historia de la palabra “matrimonio”. Por ejemplo, a fines del siglo XIII, la época del poeta italiano Dante Alighieri, el matrimonio era un mero trato comercial entre familias, no tenía nada que ver con amor, como lo deja claro en varios versos de La vida nueva. Y pensar que hay personas que creen que el matrimonio fue todo el tiempo una unión libre. Olvidan también que hace unas pocas décadas se consideraba que la mujer, por su “naturaleza” inferior, debía estar sometida a las decisiones de su marido y ocuparse de la casa y la crianza de los hijos, al punto que no podía votar o siquiera adquirir bienes propios sin el permiso del marido. Esto hoy puede escandalizar a muchas personas, pero en esas épocas se sostenía que eran las razones “naturales” las que le otorgaban ese lugar dentro de la familia. Así que “natural” es una palabra que tiene una historia y una interpretación, que no es universal ni válida para todas las civilizaciones. Pensemos en las civilizaciones influidas por el Corán y otros libros sagrados que sostienen que el hombre puede tener muchas mujeres, mientras que las mujeres valen prácticamente nada. Una vez más, el “matrimonio” es algo estrictamente cultural (romano), que obedece a un contexto y a intereses específicos. Con todo esto quiero decir que la idea de matrimonio, que tiene unos veinte siglos, ha cambiado muchísimas veces para adaptarse a los cambios de la sociedad. La familia no es una institución natural porque ha habido muchos modelos cambiantes a lo largo de la historia, hoy en día no existe un solo tipo de familia, así que de una vez podemos afirmar que es una mentira evidente.

[El matrimonio] tiene varias funciones, entre ellas la convivencia, la procreación y la cooperación espiritual y material entre las personas.

El matrimonio entre dos homosexuales o dos lesbianas cumple con la convivencia y la cooperación espiritual y material. No hay problema con eso. ¿Y la procreación? Pensémoslo con calma: ¿los heterosexuales que se casan firman un contrato con el Estado en donde se comprometen procrear? ¿Acaso hay un “control de procreación” para los que se casan? Obviamente no. ¿Los estériles no pueden casarse? Claro que pueden. ¿Una pareja puede adoptar hijos? En el caso de que lo desee, claro que puede. Entonces es falso que la procreación implique necesariamente la “función” de procreación, pues evidentemente puede hacer de lado este espacio.

Ahora, con respecto de la unión específica entre espermatozoide y óvulo para generar nueva vida, esto se relativiza en las parejas que actualmente adoptan. Si son estériles, su naturaleza no permite la unión específica entre espermatozoide y óvalo; sin embargo, el Estado les da la oportunidad de adoptar un hijo que no es fruto de esa unión específica entre espermatozoide y óvulo. La naturaleza no les otorga el derecho, sino un criterio racional del Estado. La ideología de Martha Chávez revela un conservadurismo católico muy cerrado, al punto que intenta aplicar las normas del matrimonio religioso en el matrimonio civil.

La situación de las personas lesbianas, homosexuales es especial. No es ni menos ni más. Es especial porque lo común es que seamos hombre y mujer.

Este argumento es peligroso porque oculta una dinámica contraproducente. Este argumento consiste en otorgar una limosna a favor de los ‘raros’, algo así: “Como eres ‘especial’ (anormal), te otorgo una cantidad de leyes y alguna que otra de yapa, pero ni se te ocurra que te voy a dar la plenitud de derechos de alguien ‘común’ (normal), pues tú eres ‘raro’, ¿entendiste?, ‘ra-ro’ y se acabó”.

Hay personas a las que nunca les va a entrar en la cabeza que los homosexuales y lesbianas siempre hemos existido y existiremos (incluso los travestis, que representaban una práctica común en el teatro isabelino y en el teatro de la Edad de oro española). Que seamos una aparente minoría (en el caso de que neguemos la homosexualidad que todos tenemos en algún grado, heterosexuales u homosexuales) no significa que no seamos “comunes” (Martha Chávez quiso decir ‘anormales’, lo sé).

Yo no creo que debamos discriminar a las personas que viven una situación especial. No es un tema de discriminación o de derechos civiles.

Y aquí sabemos por qué es una trampa: desde el argumento anterior, como se trata de regalarle un puñado de leyes a unos ‘raros’, los políticos no consideran el tema como un reclamo de derechos civiles (ciudadanos, de cualquier persona), sino como una situación de excepción. Esa es la trampa escondida incluso en la ‘unión civil’, nos limita. La idea es apuntar a la igualdad de derechos, la ciudadanía plena.

El matrimonio es una institución natural que no se presta, no se acomoda a la situación especial de un solo sexo que quieren tener una situación afectiva.

¿Y los padres y las madres solteras? ¿Debemos quitarles sus hijos por ser parte de una ‘situación especial de un solo sexo’ y no algo natural? Salvo en la mente conservadora de esta señora, un niño no puede tener dos papás o dos mamás. Muchos casos, desde hace tres décadas, la contradicen. Me refiero a las adopciones de los padres o madres homosexuales en Europa.

Me parece hasta enfermizo que una persona prefiera que un niño crezca en un orfanato en lugar de hacerlo en una familia homosexual que ha aprobado el largo y difícil proceso de calificación para la adopción vigente en las leyes de un Estado. Me pregunto también cuántas madres y padres solteros han sabido darles cuidados y educación a sus hijos sin acomodarse al molde fetichista de familia tradicional de personas como Martha Chávez. Y ni hablar de los abuelos o los tíos que se encargaron de hijos ajenos. Qué mentes tan podridas contaminan la política peruana.

Yo sí estoy de acuerdo con un reconocimiento legal a una situación especial, pero que no se circunscribe a las uniones homosexuales.

‘Especial’ es igual a ‘anormal’, ‘raro’, lo que no es igual y legítimo a lo ‘normal’. Quédese con sus migajas, señora Chávez. Al final un grupo sindical va a tener los mismos derechos que una pareja homosexual, pues la segunda, en el reducido criterio de esta mujer, nunca será ‘familia’.

Hay que seguir la naturaleza de las cosas […] Me he informado sobre qué es la familia y qué es el matrimonio. Pero eso no impide que haya el reconocimiento a determinadas situaciones especiales y el derecho tiene que solucionar esto.

Ya expliqué cuál es el problema de ser una excepción ‘anormal’.

[Con respecto a los herederos forzosos en el caso de los homosexuales], el cónyuge concurre con los hijos, no con los padres. [Y si no tienen hijos], concurren con los padres. Es que no podemos llamar a las cosas lo que no es. No es matrimonio y la situación no es perfectamente adecuada al matrimonio porque ahí no hay capacidad generativa.

Aquí los electores debemos tener esto muy claro: lo que propone Martha Chávez (con todo su partido) es que, como los homosexuales no podemos procrear hijos, en el caso de que fallezcamos y haya que otorgar herencia, nuestros bienes nunca irían para nuestra pareja, sino hacia nuestros padres. Esto muchos activistas lo tienen claro. Si tus padres te echaron de su casa por tu opción sexual y tú, por tu lado, hiciste una vida, trabajaste y compraste bienes (una casa, un auto, etc.), entonces es injusto que si falleces tus únicos herederos sean esos padres que te echaron. Lo que propone Martha Chávez es sumamente injusto y discriminatorio, sobre todo porque su único argumento es que “eso no es familia” (en el caso de una pareja homosexual). Esta mujer insiste en cerrarse en un modelo único de familia y no puede entener, como dice Susel Paredes, que el tiempo cambia, las condiciones cambian y las personas tenemos derechos que hemos conquistado a lo largo de la historia. Obviamente, políticos como Martha Chávez bloquean la conquista de los derechos. Mucho ojo a la hora de votar.

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Les recomiendo este pequeño texto sobre el contexto en el que se produjo en Argentina el matrimonio igualitario. Muy recomendable. Clic aquí.

También encontré  reproducidas en Taringa! las Consideraciones de científicos(as) del CONICET e investigadores(as) de Argentina acerca de la ley de matrimonio universal y los derechos de las familias de lesbianas, gays, bisexuales y trans. Sumamente recomendable para desbaratar argumentos dizque científicos o acerca de la “naturaleza” de la familia.

El mito de la familia tradicional

31 enero, 2011

En los últimos días se invoca a la “familia tradicional” debido al terror que produce, en algunas mentes conservadoras, la idea de la unión civil entre personas del mismo sexo. Esto se debe a que la unión civil es vista como el primer paso para la adopción que se lograría, posteriormente, con el matrimonio entre personas del mismo sexo. Lo que voy a decirles en este post no cancela el debate sobre la adopción, pero sí destruye uno de los argumentos más fuertes que utilizan los que se oponen a la adopción: la familia tradicional.

La familia tradicional (compuesta por padre, madre e hijos) es una idea fundamental para religiones como la católica, que creen que esta combinación fue establecida por dios o, peor aun, por la naturaleza. A los que tuvimos la mala suerte de estudiar en colegios católicos nos han hecho creer que este tipo de familia es el modelo; es decir, no solo el tipo mayoritario de familia, sino también el correcto, pues suponía el funcionamiento sano del orden social. En ambos casos, se trata de mentiras.

En Estados Unidos, donde el mito de la familia tradicional (o familia americana) alcanza adhesiones demagógicamente impresionantes, hay políticos que han sabido utilizar esta mentira para lograr sus objetivos. George W. Bush, durante la campaña electoral para su reelección, se proclamó como un representante de la “familia americana”, la cual, de acuerdo con él, sostenía el orden social de su país. Lo cierto es que la familia americana como mayoría abrumadora (o paradigma) siempre ha sido un mito. Recuerdo uno de los episodios de Penn & Teller: Bullshit!, dedicado específicamente a este tema, en el cual una historiadora y una socióloga especializadas en Estudios de la Familia afirmaban que, estadísticamente, la familia tradicional siempre bordeó más o menos el 50% del total de las familias americanas (con una tendencia a la baja en las últimas décadas). Por lo tanto, el gran paradigma de la familia tradicional, en Estados Unidos, es un mito muy arraigado, una ficción tan eficientemente construida que, si no fuera por la estadística, seguiría sonando extraña.

¿Qué hay del Perú?

En Limpias y modernas: género, higiene y cultura en la Lima del novecientos (1999), el minucioso estudio sobre el rol ordenador de los médicos y las mujeres de Lima en el siglo XIX, María Emma Mannarelli hace referencia a los porcentajes de los hijos dentro y fuera del matrimonio, entendiendo a los primeros como parte de familias tradicionales y a los segundos como parte de familias no tradicionales. El resultado, que ya escandalizaba a los curas y las autoridades de la época, es incluso mayor que en Estados Unidos: las familias no tradicionales alcanzan unos puntos sobre el 50%, que en algunos momentos llega a 60%. Si esa era la cifra en la capital, imaginemos cuánto se dispararían los resultados en provincia, donde la institucionalidad era menor. De hecho, era una preocupación pública la baja tasa de matrimonios, pues prejuiciosamente suponía un país enfermo, débil, etc. Con todo esto, podemos decir que en este país, desde que se empezó a llamar “Perú”, las familias tradicionales nunca fueron la mayoría. Y esto desencadena una serie de cuestionamientos a las ideas conservadoras que, para variar, hoy vuelven a salir a la luz.

Pero antes de ello, veamos a qué nos referimos con familias no tradicionales. En realidad, es simple, solo hay que negar el mito: madres o padres solteros, huérfanos en instituciones, padres con hijos adoptados, hijos criados por otros familiares (abuelos, tíos, hermanos) y, más recientemente, familias con dos padres o con dos madres. Como podemos notar desde el principio, siempre ha habido niños que no han crecido en hogares “ideales” (con papá y mamá); sin embargo, para sorpresa de los conservadores, no vemos variables en la salud o la conducta de estas personas: ni más locos, ni más delincuentes, ni más desadaptados. Ni más ni menos infelices si los comparamos con las familias tradicionales. ¿Acaso la sociedad se fue al diablo cuando las familias tradicionales dejaron de ser la mayoría (si es que en algún momento realmente lo fueron)? Obviamente el mundo no se acabó. Lo vergonzoso es el estigma que muchos conservadores proyectaron y proyectan aún sobre los hijos de familias no tradicionales. Un ejemplo pequeño: pienso en todos esos colegios católicos en los que, inclusive hoy, no aceptan a hijos de padres divorciados o a los hijos de padres que no tienen certificado de matrimonio religioso, como si eso los hiciera mejores personas o los dotara de mayores capacidades como estudiantes. Sencillamente ridículo y prejuicioso.

Ahora bien, a pesar de todo, estos hijos estigmatizados por provenir de familias no tradicionales no han sufrido trastornos emocionales generacionales; al contrario, rápidamente han demostrado ser tan o más capaces y aptos que sus pares. La sociedad se ha adaptado. Hace unos 40 años un hijo de padres divorciados era mal visto en su colegio. Hoy en día, es lo más común del mundo. Fue similar con los huérfanos de uno o dos padres, pues en nuestros días nadie se jala de los pelos por algo así. Esto lo digo porque he leído, incluso en blogs de gays, que si se diera la adopción de niños, esto les produciría un terrible “daño emocional”. Es un argumento sumamente limitado, pues, si nos damos cuenta, toda combinación diferente a la de la familia tradicional tiene un estigma. Ahora bien, ¿se acabó el mundo? Primero eran estigmatizados los hijos huérfanos, luego los hijos de madres solteras, después los hijos de padres divorciados. Tocará que sean los hijos de parejas homosexuales, pero no será el fin del mundo; no habrá un choque emocional que los inhabilite como personas o los vuelva desadaptados. De hecho, los resultados en los países donde se aprobó la adopción descarta la tan temida desadaptación o el “daño emocional”. Creo que no es la presencia de los elementos los que aseguran la felicidad de un hijo; quizá esto es lo más interesante que podemos aprender al comparar a los hijos de las familias tradicionales y las no tradicionales.

¿Una familia tradicional asegura la felicidad de un hijo? Definitivamente no asegura la felicidad, pero tampoco la infelicidad. Muchos hijos de las familias procreadoras son abandonados o maltratados, así como otros también son bien cuidados y tratados. En el caso de las familias no tradicionales, los resultados no varían con respecto a las familias tradicionales. En muchas familias tradicionales hay hijos no deseados que son percibidos por sus padres como motivo de su frustración. La pregunta es evidente: ¿acaso la naturaleza (la procreación) ha asegurado la felicidad de los hijos? Una vez más, personas como el cardenal Cipriani repiten frases inverosímiles.

Con todo esto podemos desenmascarar a los autoproclamados portavoces del orden social, aquellos que se basan en un “dios” (que habla de acuerdo con sus deseos) y en el mito de la familia tradicional, que es solo eso, un mito que ha representado injusticia y marginación. El mundo no se ha terminado ni ha habido una debacle social por la existencia de familias no tradicionales, pues las tradicionales nunca han supuesto en cantidad un margen superior. Aquellos que quieren tener un solo modelo y negar la diversidad (una práctica fascista, por cierto) se aferran a sus mentiras, a pesar de que se caen por pedazos. Las sociedades cambian y las familias no tienen una fórmula que asegure la felicidad o la infelicidad. Es hora de hablar claro y sacarnos la venda de los ojos, de dejarnos de mentiras y de enfrentar con argumentos a aquellos que sostienen discursos falsos y nocivos para una sociedad que necesita aprender a respetar la diversidad.

A modo de provocación, les dejo el episodio de Penn & Teller: Bullshit! titulado “Valores familiares”. Aunque no siempre estoy de acuerdo con la postura de este programa, en este caso resulta sumamente ilustrativo y gracioso hacer un repaso por la idea de “familia americana”. Lamentablemente, no conseguí una versión en español. Clic en la imagen para ver el video.

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-La imagen de la familia tradicional fue sacada de
http://catolicoygay.blogspot.com/2010/10/apoyo-la-familia-tradicional.html
-La imagen de la familia no tradicional fue sacada de
http://enriquetorremolina.wordpress.com/2009/11/02/caleidoscopio-jurisdiccion-eclesiastica-ii/

Resumen electoral: cuidado con los políticos en campaña

30 enero, 2011

Algo bueno está sucediendo este año con respecto al reconocimiento de los derechos de las minorías sexuales. Todos los candidatos presidenciales se orientan “aparentemente” a estar a favor de las uniones civiles o el reconocimiento patrimonial, incluso en Fuerza Social abogan por el matrimonio igualitario (con adopción de niños). Es en estos momentos que debemos separar la paja del trigo, ver más allá de las apariencias, pues los políticos están buscando votos. Creo que ya se dieron cuenta de que somos más de los que ellos se imaginan (seguramente están acostumbrados a ese grupito de estilistas poco representativos de la televisión o a los drag queens que desfilan en las circenses marchas del orgullo). Creo que ya se dieron cuenta de que en el closet y solapas hay un montón. Es momento de que los bloggers informemos a nuestros miles de lectores, como ya lo estamos haciendo, pero específicamente de la viabilidad de las propuestas para las minorías sexuales.

Les recomiendo que lean la espeluznante entrevista a Rafael Rey (vicepresidente de la plancha de Keiko Fujimori), el último post de Blog del Ocio, la interesante columna de Renato Cisneros y, por último, recomiendo que vean este video-recuento realizado por Gay Friendly. Por mi parte, presento un resumen muy breve de los pros y los contras según cada partido.

PERU POSIBLE

Pros: Su bancada congresal impulsó la ley contra los crímenes de odio; en su plan de gobierno está incluida la unión civil de personas del mismo sexo y algunas otras leyes (del ámbito patrimonial) que favorecen a las minorías sexuales.

Contras: No sabemos si el otorgamiento de derechos a las minorías sexuales es apoyada en consenso por todos sus candidatos parlamentarios.

SOLIDARIDAD NACIONAL

Pros: (Silencio)

Contras: La figura que plantean no es la unión civil, solo un contrato patrimonial entre dos personas que viven juntas (podría ser entre hermanos, amigos, socios), que es exactamente igual a lo que tenemos ahora (tú puedes hacer un contrato patrimonial con quien desees); la nueva postura dizque tolerante de Castañeda más parece relacionarse con el de hecho de que la homofobia le quita votos; yo no me olvido de sus declaraciones homofóbicas contra Bruce.

FUERZA 2011

Pros: Parece haber un espíritu de apertura en el partido, sobre todo en los jóvenes, pero los líderes aún miran con suspicacia jugársela por las minorías sexuales; hay gente como Carlos Raffo o Keiko Fujimori a los que no les apesta hablar del tema y tibiamente se pronuncian a favor del reconocimiento de derechos de las minorías, aunque nunca de la adopción (salvo para Kenji).

Contras: Al igual que Castañeda, más que la unión civil, los fujimoristas promueven establecer un contrato entre dos personas del mismo sexo que viven juntas, no de aprobar una ley que sea idéntica a la de las parejas de hecho (no incluye el tema de la adopción), que es la situación actual: cualquiera puede establecer un contrato con su pareja; por otro lado, hay sectores ultraconservadores homofóbicos representados en políticos como Rafael Rey y Martha Chávez (Opus dei), que jamás verán con buenos ojos el reconocimiento de derechos de las minorías sexuales y, más bien, boicotearán internamente cualquier intento; por último, no hay nada con respecto la unión civil ni el reconocimiento de derechos para las minorías sexuales en su plan de gobierno.

ALIANZA POR EL GRAN CAMBIO

Pros: PPK no ha dejado muy claro si apoya la figura del contrato patrimonial (lo mismo que nada) o si apoya la unión civil entre personas del mismo sexo.

Contras: En el arroz con mango de esta alianza, hay sectores ultraconservadores y homofóbicos como el PPC (Lourdes Flores) y Restauración Nacional (Humberto Lay), que jamás estarán de acuerdo con la unión civil y boicotearán desde adentro cualquier intento.

GANA PERÚ

Pros: Este partido ha conversado con sectores activistas LGTB y no solo los ha incluido a ellos, sino también a varias de sus propuestas de reconocimiento, como la aprobación de la unión civil, la ley de no discriminación por orientación sexual y la ley contra los crímenes de odio; en ese sentido, hay gente que propuso anteriormente las uniones entre homosexuales, como el ex congresista Javier Diez Canseco.

Contras: La pregunta es acerca de la fuerza que pueden tener estas iniciativas a favor de las minorías en el interior del partido, entre todos los legisladores en su conjunto; por otro lado, no he olvidado las ideas de Antauro e Isaac Humala acerca de matar homosexuales.

FUERZA SOCIAL

Pros: Se la juegan con todo, en su plan de gobierno no solo contemplan la unión civil, sino también el matrimonio con adopción de niños; han incluido en su lista para el Congreso a dos activistas homosexuales.

Contras: No es en sí un ‘contra’, sino una cuestión de estrategia electoral: el matrimonio con adopción de niños aterroriza a la mayoría de la población y, lamentablemente, no hemos educado a esta mayoría para que entienda que no hay nada malo en que una pareja homosexual adopte niños, como se ve en países donde esto ya se implementó. Más es responsabilidad nuestra que ahora no podamos ver tan viable una excelente alternativa como esta.

¿Dios odia a los homosexuales?

26 enero, 2011

Cuando era alumno de Estudios Generales Letras en la Católica uno de los cursos requisito era Fe y cultura actual. Me sentí muy mal al enterarme de esta noticia, pues soy agnóstico desde los 12 años, y odiaba tener que llevar un curso de Teología por obligación. Encima había estudiado en un colegio religioso, así que desde el principio detesté la idea de llevar ese curso (para colmo, dictado por un cura). Lo interesante es que en el camino descubrí que una posición auténticamente cristiana no tiene nada que ver con los disparates intolerantes que suele decir Cipriani en los medios o que viejitos intolerantes como Lay repiten. Ese semestre, para mi total sorpresa, el cura que me enseñó (sociólogo, español y liberacionista, por cierto) me hizo entender que el cristianismo no tiene nada que ver con las charlatanerías y prejuicios que repiten sectores conservadores como el Opus Dei. Ese semestre entendí que no todos los sectores religiosos sostienen argumentos tan estúpidos como los de Cipriani. Y también entendí que ser cristiano no es ir a comerse hostias en la misa, ni persignarse por cualquier disparate, ni pensar que los males del mundo se resuelven rezando. Recuerdo unos ejemplos que nos ponía el padre Andrés (a quien nunca llamé “padre”, sino “profesor”). Por ejemplo, una señora puede confesarse todas las semanas, ir a misa todos los domingos y comulgar, saberse todas las oraciones, rezar todos los días, pero si en su casa maltrata a su hijo o a su empleada doméstica no es cristiana. Así de drástico. Otro ejemplo más duro es Pinochet, quien para muchos chilenos “católicos” y sobre todo para los curas opusdeístas que apoyaron su golpe contra Allende, era un cristiano ejemplar: comulgaba todos los domingos. Eso bastaba, en la lógica de estas personas, para ser cristiano. La pregunta está en saber quién le daba la hostia cada domingo a un genocida que tenía por costumbre aniquilar estadios llenos de gente. Eso, por supuesto, es una hipocresía que poco o nada tiene que ver con el legado cristiano. Andrés solía decir que su dios no podía ser el mismo dios de Pinochet.

¿Pero qué es un cristiano? En términos simples, alguien que imita a Cristo (o Jesús) en su quehacer diario, en su obra, cada día, y adaptando el mensaje a los tiempos actuales. Hay, por cierto, una serie de interpretaciones sobre su vida. Los más intolerantes son los idiotas que se ciñen a la Biblia para repetir al pie de la letra lo que dice, esos que no entienden que un libro de hace veinte siglos (escrito por personas determinadas por una cultura y un tiempo diferente al nuestro) debe ser interpretado por un especialista con un conocimiento importante de lenguas muertas (griego, arameo, sánscrito, etc.), de geografía e historia antigua (hay un sinnúmero de errores históricos y geográficos en la Biblia que solo un especialista puede notar), de filología (para todo aquello que se pierde o que es inexacto de la traducción de una lengua a otra), de teología (por las ideas teológicas que expone la Biblia, de un tiempo determinado) y un largo etcétera. En conclusión, cualquier hijo de vecino malinformado e ignorante, como tantos “cristianos” que creen entender un libro lejísimos en tiempo y en idiosincrasia, no puede decirnos nada realmente útil sobre la Biblia, salvo paporretear los disparates que le ha dicho algún pastor casi tan desinformado e ignorante como la gente que reclutan estas cuasi religiones. Para ilustrarlo, es como pedirle a un ingeniero civil que haga una edición crítica de una obra de Shakespeare.

Pongamos un ejemplo: la misoginia. En la Biblia, sobre todo en el Antiguo Testamento, hay un desprecio sumamente notorio por las mujeres. Siempre son la última rueda del coche, las que no pintan para nada, las que pueden ser despreciadas, violentadas, asesinadas y un largo etcétera. De ellas, las putas son lo peor, la escala más baja. De igual manera, los niños son vistos como estorbos, como personas aún incompletas e inútiles. Lo mismo pasa con los pobres y los enfermos, ¿quién no se acuerda de los leprosos? Esa es la sociedad en la que Jesús aparece y lo interesante de su mensaje es que se enfrenta a ese orden social. El mensaje de Jesús no es “vamos a rezar por la paz y el amor del mundo” y ya. Tampoco es golpearse el pecho, “por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa”. Jesús lucha pacífica y frontalmente contra esa sociedad corrompida, se pone del lado de los marginales, de los olvidados, de los últimos de la fila. Pero no les dice “sufre, sufre, cuando mueras tendrás tu recompensa”. Jesús se propone cambiar el mundo de acá. Se junta con las mujeres (hasta con las putas) y les dice que lo sigan, les dice a los niños que se acerquen porque de ellos es el reino de Dios (algo que horrorizó a las autoridades religiosas de su tiempo), les dice a los pobres que no deben pagar los impuestos a los romanos (que en su época tenían una serie de intermediarios, lo que los hacía impagables), cura a los leprosos, etc. El relato de su vida es sumamente fascinante porque lo que hace es subvertir el orden establecido, con acciones concretas. Su obra es ir en contra de los grandes maestros de la ley (judíos como él, y expertos en una interpretación limitada del Antiguo Testamento). Jesús no teme ir en contra del poder de las autoridades de su religión, a las que ve corrompidas. Se enfrenta a esa sociedad no con la violencia, sino con el ejemplo, el respeto a la vida y la palabra (sus famosas parábolas).

Es precisamente la desestabilización del orden lo que preocupa a las autoridades. Si recuerdan la historia, son las autoridades judías (más que las romanas) las que están preocupadas por deshacerse de él. Es peligroso, los marginados lo siguen, le hacen caso. La idea no es que “Jesús vino a morir para salvar a los pecadores del mundo”, esa es una fallida interpretación de san Anselmo. La idea es que Jesús hizo algo considerado peligroso para las autoridades de su época (se compró el pleito de los marginados) y fueron esas acciones las que provocaron que las autoridades judías busquen la manera de eliminarlo.

He hecho un largo recuento a partir de mis recuerdos de las estimulantes clases del padre Andrés, quien si por alguna casualidad de la vida llega a leer este post pido que perdone los errores o las generalizaciones que se me puedan haber pasado, las cuales son de mi entera responsabilidad. Decía que hice un largo recuento para responder a la pregunta inicial: ¿Dios odia a los homosexuales? Yo diría que depende del dios que quieras tener, pues ya les mencioné que Pinochet tenía un dios a su medida, dizque cristiano, que lo premiaba con la hostia cada semana, después de matar estadios llenos de gente, entre otras cosas que nada tienen que ver con las acciones de Jesús.

Si yo creyera en un dios, creería en el dios cristiano que se puso del lado de los más débiles, de los marginados, de aquellos que no tenían voz. Recuerdo, entre tantas otras cosas que, en una de esas clases de Fe y cultura actual, los alumnos quedamos en silencio después que el padre Andrés nos hizo pensar en cómo se podía ser cristiano hoy en día. Por supuesto que no es ser cristiano simplemente meterse a misa o comerse hostias, ni persignarse, ni rezar antes de dormir. Recuerdo que nos preguntó cómo podíamos seguir el ejemplo de Cristo hoy en día y estuvimos en silencio unos instantes. “Estar del lado de los marginados”, dijo alguien, y de inmediato el profesor repreguntó: “¿Y quiénes son los marginados de hoy?”. Bueno, estaban los pobres y las putas (como siempre), los huérfanos y, para mi gran sorpresa, el padre mencionó a los homosexuales. Todos los alumnos nos quedamos impresionados, pues este argumento iba en contra de las usuales declaraciones de curas como Cipriani (o de los curas de mi colegio). Es decir, ser cristiano en estos días, entre otras cosas, significa ser solidario con los homosexuales, comprarse el pleito de estos marginados, defender sus derechos, la igualdad y el respeto que buscamos de parte de la sociedad.

Sería muy simplón decir que todos los curas y los católicos son homofóbicos (y pederastas). No manejo estadísticas, tampoco se trata de hacer una. Pero mientras existan los que no crean en la cháchara conservadora de siempre, no se podrá generalizar. Cipriani no es toda la Iglesia, incluso diría que Cipriani no es cristiano, como lo ha demostrado en toda su vida pública. Si algo aprendí del cristianismo en esas clases es que Jesús se peleó contra el sistema, pero de una manera no violenta. Con ideas, con acciones, con una intención clara de cambiar el mundo, este mundo. Su compromiso fue con los aplastados y apestados del sistema, no con los hipócritas maestros de la ley, llenos de lujos y ambiciones personales.  A Cipriani y a Bambarén les diría que es el colmo que un homosexual agnóstico como yo les esté recordando cuál es el mensaje cristiano, ese compromiso con los más débiles y oprimidos que pasan por alto.

Carta abierta a Mónica Delta

24 enero, 2011

Señora Mónica Delta, el día de ayer me quedé sorprendido ante el populachero disparate que presentó en su programa Sin medias tintas, una secuencia que me hizo pensar que Ud. no es una periodista informada. Hablo de la secuencia llamada “El pulso de la calle”, que en este caso, de acuerdo con Ud., surgió porque trataba de saber si la gente de a pie la interesa el tema de las uniones civiles entre personas del mismo sexo.

Considero que la secuencia que presentó es terriblemente tendenciosa por lo siguiente:

Si Ud. le pregunta a una señora heterosexual, sin mayor educación o información acerca de la homosexualidad, con problemas de seguridad y pobreza en la zona en la que vive, ¿qué espera? ¿Cree que le va a decir “sí, claro, las uniones civiles entre personas del mismo sexo son más importantes que llevarme comida a la boca o que vivir en una zona más segura”? Hay que ser por lo menos necio para lanzar una secuencia tan sesgada y pensar que nadie se va a dar cuenta de la trampa. Ahora bien, si Ud. le hubiera preguntado solamente a homosexuales (a quienes obviamente el tema sí nos interesa, y es a nosotros es a quien debió preguntar), la “estadística” del “pulso de la calle” habría sido muy distinta. Depende, en efecto, de la calle en la que pregunte. De todas maneras, me siento alegre de que un par de personas hayan tenido el coraje de decir en televisión que estaban de acuerdo con las uniones civiles entre personas del mismo sexo. Les agradezco esa respuesta porque son capaces de pensar más allá de sí mismos y de su propio bienestar. Eso, dicen, es la base de una nación.

No hay que ser muy brillante para detectar sus preguntas con las respuestas dentro de ellas. Tampoco es difícil notar la desinformación de las personas entrevistadas a partir de sus respuestas. De hecho, es grosero que en un país que es laico Ud. le dé cabida a argumentos fuera de lugar como los del tipo “dios creó solo al hombre y a la mujer”, pues estos solo les deben importar a las personas creyentes en sus ámbitos religiosos y no al aparato estatal ni a la ciudadanía como tal. Hay que saber diferenciar las creencias (que cada quien es libre de tener) de las leyes y la racionalidad que las sustenta. Dogma y razón son maneras muy diferentes de conocer y las sociedades que se consideran modernas solamente se construyen sobre lo segundo.

Argumentos desinformados que detecto en sus entrevistados

“Debe haber sexo entre hombre y mujer, y no entre hombre y hombre, y mujer con mujer”.

Lo que está señora opina es irrelevante. Así como podría existir alguien que prefiera que todos usemos el pelo de color rojo o las uñas largas, así también hay gente que preferiría que no existan los homosexuales. Pero existimos, estamos en todos lados, en todos los estratos, somos de todas las razas, varoniles, afeminados, etc. Existimos, estamos aquí, desde siempre y para siempre.

“Hay muchos más puntos importantes, sobre todo la educación, la seguridad y la salud…”

Hay una actitud polarizada cuando pregunta, su estrategia es poner en dos extremos las propuestas: en primer lugar, la propuesta aparentemente superficial, irrelevante, es que los homosexuales se quieren casar; mientras que en segundo lugar están los temas supuestamente “importantes”, la seguridad, la pobreza, la corrupción. Lo tendencioso está en polarizar dos propuestas que no tienen por qué excluirse entre sí, pues todo puede estar en un mismo paquete, como varios candidatos están ofreciendo. Y sobre los temas “importantes”, señora Delta, para Ud. y para muchos heterosexuales que tienen el derecho habitual de casarse ese tema seguramente les parece secundario, menor y hasta anecdótico, pero para nosotros los homosexuales es un tema importante porque es el primer paso de nuestro empoderamiento como ciudadanos plenos, para generar respeto y comunicación con una sociedad desinformada y prejuiciosa. Me parece que utiliza a un sector de la población desinformada como títeres, para hacerla hablar por Ud. acerca de posiciones prejuiciosas.

Otra pregunta que me hago es la siguiente. ¿Debo consultarle a la “gente de a pie”, Sra. Delta, por el reconocimiento de un derecho que me pertenece y que me ha sido negado? Para serle sincero, no le estoy pidiendo un favor ni una limosna. Yo no quiero que me regalen nada. Yo exijo un derecho que me pertenece constitucionalmente, quiero que sea reconocido con plenitud para que pueda ser también un ciudadano pleno. No quiero que me regalen una medida excepcional, estoy exigiendo ser reconocido por aquello que me ha otorgado la constitución del país en que nací. Igualdad. Y no necesito pedirle permiso a Ud., señora Delta, ni a las señoras de San Juan de Lurigancho, ni al cardenal, algo que ya es mío. Repito: no pido nada extraordinario, no quiero favorcitos ni dádivas. Exijo algo que me pertenece y que no se me ha reconocido. Ese es el punto.

Seguramente dirán que la sociedad “no está preparada”, la mentira de toda la vida. En realidad siempre habrá alguien que dirá eso, “que la sociedad no está preparada”, “que es el momento de hablar de cosas importantes”, “que hay otras prioridades”. De una vez le aclaro que no me he propuesto hacer méritos para que su bondad me otorgue un deseo. No tengo que demostrarle nada a la sociedad. Vuelvo a decir que es mi derecho y que estoy exigiendo que se reconozca algo que ya es mío y que se me ha negado. No es que la sociedad tenga que estar preparada. No, no se equivoque. El día que un hombre y una mujer tuvieron el derecho de unirse por voluntad de ambos, ese mismo día los homosexuales debimos tener el mismo derecho. Esa es la igualdad ante la ley. Así que a todos los que crean que “la sociedad” debe darnos su venia, los corrijo: este no es un tema de referéndum, es un tema de lesa humanidad, de ciudadanía verdadera.

“Sólo te quiero como amigo”, de Dani Umpi

21 enero, 2011

Pocas veces he tenido entre mis manos un libro tan peculiarmente divertido. Y no lo digo tan solo por la historia, en este caso acerca de los estragos que produce el abandono de la pareja con la que estás compartiendo una porción de la vida. Sólo te quiero como amigo (Estruendomudo, 2009) es también una novela peculiar por la velocidad y la frescura con que el narrador avanza en lo que pretende contar, escenas algo dolorosas, tristes, a veces patéticas, pero siempre con un humor cotidiano, por momentos negro, pero casi siempre efectivo para sacar una sonrisa (y hasta una carcajada). Ya desde el primer párrafo podemos hacernos una idea clara del resto del libro:

Es muy fácil darte cuenta cuándo tu novio te va a dejar. Es como en el resto de los acontecimientos de la vida. Nada cae del cielo de repente, de improviso, pataplum. Abrís el botiquín y ya no está el desodorante. Lleva su tiempo, su vuelo, su aterrizaje, su germinación y putrefacción. Pum, pum, pum, pataplum. No es un golpe seco que sale quién sabe de dónde. Nada que ver. Es un pausado abrir y cerrar de ojos, un pestañeo en cámara lenta. Con un poco más de atención y estado de alerta constante, focalizando, veríamos que esas sorpresas también siguen la lógica de la causa y el efecto, la semillita y el arbolito, el huevo y el tordo. Es un proceso lento, acelerado, hasta que llega un momento en el que tu pareja se harta de vos y te deja (Umpi 11).

Como vemos hay una interesante y minuciosa descripción del dolor del abandono desde las instancias más simples y cotidianas. Con buen ritmo van desfilando aquellos detalles que describen mejor que cualquier tratado sentimental la falta de aquel a quien ya te habías acostumbrado. Dani Umpi, en este sentido, se parece muchísimo a las canciones de La Casa Azul: en general, historias tristes (de desamor) contadas con énfasis en escenas llenas de sonidos y ecos lisérgicos, atmósferas electropop que marcan la nostalgia del pasado (como si todo el pasado fuera mejor), en resumidas cuentas una forma humorística de exponer el dolor.

Por supuesto, no dejan de desfilar en esta novela los lugares comunes de (lo que podríamos denominar) el mundo gay: los chats para ligue al paso, los encuentros sin compromiso, la rara manera de estar y no estar (de atracción y repulsión) en la vida del ex novio (y de su instantánea nueva pareja), las miradas de atracción (y de pregunta) hacia chicos en situaciones incómodas y cómicas. Todo el proceso de terminar una relación para seguir adelante está bien narrado en esta novela, en donde el único problema es la asfixiante sensación cíclica, el boicot propio con algo de masoquismo. Pero claro, habría que preguntarnos cuánto de asfixiantes y cíclicos tenemos nosotros mismos en nuestras vidas y en nuestras relaciones (y rupturas) de pareja.

Iba a decirles que de ninguna manera les recomendaba el libro a los que acaban de terminar una relación significativa. O a los que estaban empezando una. O a los que estaban en su mejor momento de la relación. Sin embargo, me di cuenta que iba a terminar prohibiéndosela a todos. Y es que en verdad es una lectura cómica, pero profundamente dolorosa, casi el autoreconocimiento del vaivén sentimental de muchos homosexuales. Así que prefiero recomendársela a todo el mundo, a modo de humorística y feliz advertencia.

¡Criters!

¿Si uso Ego no seré una mariquita?

20 enero, 2011

Hacía tiempo que no veía en la televisión una publicidad tan brutalmente sexista como la de Ego, la cual, si somos provocadores, podría resumirse en la frase “si uso este shampoo no seré una mariquita”. No conozco los detalles de realización sobre esta campaña, pero a partir de los cuatro anuncios que he visto me animo a hacer unas observaciones.

No sé por qué tengo la impresión de que una publicidad tan machista como la de Ego solamente funcionaría en un país machista como este. Es decir, un país en donde la mujer está desalojada de algunos derechos básicos y, cómo no, donde el hombre mantiene una supuesta superioridad sobre ella. No es casual, entonces, que un producto que pretende llegar a los “verdaderos hombres” se apoye en el machismo de la sociedad para denigrar con descaro a unas y ponderar a otros.

Lo que más me llama la atención es la oposición extrema que se muestra en los cuatro anuncios. Es decir, por un lado todo lo que pertenece al hombre y por el otro todo lo que pertenece a la mujer. Por un lado, la practicidad del hombre (que busca un shampo que prevenga la caída de pelo y la caspa, y que huela “a varón”) contra la parafernalia sutil e inútil de la mujer (un shampoo para rizos definidos, de frutales tropicales, moradito, con fotos de mujeres estrambóticas). Lo que más me llama la atención del primer anuncio es que intenta vender un solo modelo de masculinidad (lo que entienden por “varón”), que vamos a ir detallando en los anuncios siguientes.

En el segundo anuncio la mujer es construida como un adorno del hombre: con alcohol las ves más bonitas y los autos son para que hagan juego con una chica guapa (para sacarlas a pasear, porque según el anuncio ellas no pueden tener auto o sacar a pasear a los hombres). Y con respecto a ver futbolistas argentinos en pantaloneta, la prohibición es patente en este anuncio: ellas no deberían desear, pues eso corresponde solamente a los hombres. Es graciosa la frase “nuestro fútbol”, pues existen (y conozco) a tantas chicas heterosexuales y “femeninas” que gustan del fútbol, y no porque haya argentinos en pantalonetas. Una muestra más de lo desfasado de este anuncio cacaseno. Por cierto, Slavoj Zizek escribió un gran capítulo titulado “El amor cortés o la mujer como cosa” en El acoso de las fantasías, donde explica que la cosificación de la mujer en la historia occidental se debe sobre todo al temor (pánico) que produce su singularidad, al punto que mientras más lejos esté la mujer (o más metafísica luzca) menos amenazados se sentirán los hombres. Es una forma de control más, que en esta publicidad es algo efectivo: según este anuncio, una vez más, la mujer tiende a lo accesorio (rizos, olor de “rosita al amanecer”), mientras que el hombre requiere un shampoo que prevenga la caída de pelo y la caspa, es decir, lo práctico y no lo accesorio. Y lo más interesante es la advertencia: si no dejas de usar productos “de mujeres”, te vas a volver mariquita; es decir, si no usas Ego vas a ser un peluquero o, peor aún, una mujercita. Es sintomático que el actor use la “mariconización” o imite lo absurda que es su propia construcción machista de la mujer para reforzar su idea. Parece, en la lógica de la publicidad, que el actor representa el avanzado estado “mariconizado” del hombre al no tener un shampoo que lo haga hombre. Es decir, según la publicidad, se necesita un shampoo que te haga hombre y ante esa falta actual lo que queda es la desesperación, notoria sobre todo en la parte de la advertencia.

Quizá el tercer anuncio tenga el machismo más disfrazado. Falsamente se construye a la mujer como alguien con más valor por tener una variedad de shampoos y se construye también como una falta de respeto (“el respeto empieza por ahí”, dice la publicidad) que el hombre no tenga su propio shampoo que prevenga la caspa y la caída del cabello. Veamos. Ego no es el único shampoo que prevenga la caída del cabello y la caspa, tampoco es el único exclusivo para hombres. Incluso existen varios shampoos “de mujeres” que contemplan la caída del cabello y la caspa (no solo los rizos y los olores, que tanto y únicamente resalta el anuncio de Ego). Entonces no es que Ego satisfaga necesidades exclusivas de los hombres, pues a las mujeres también les sale caspa y se les cae el pelo. Aquí se insiste en una diferencia sexista para vender la falsa necesidad de un producto “para varones”. Y, peor aún, se insiste en una diferencia sexista para hablar de “respeto”, ante una supuesta situación en la que el hombre “no vale nada”. Ese supuesto “no valer nada” implica que la situación ‘natural’ es que el hombre domine a la mujer (y no al contrario, como denuncia el actor); en la lógica de este anuncio no hay, por cierto, un punto de mediación o de entendimiento, sino que unos dominan a los otros, unos les faltan el respeto a los otros (las mujeres les faltan el respeto a los hombres). Se vende la cavernaria idea de que el hombre debe ser respetado por la mujer hasta dominarla, pero no se contempla la diferencia. Lo que vemos es un modelo de masculinidad que no puede mediar o entenderse con las mujeres, quizá porque no las conoce (la repetición de prejuicios es sintomática) o porque teme que ellas tengan poder. Otro ejemplo claro son las unineuronales publicidades de Axe, que parecen dirigidas a consumidores adolescentes inseguros con las chicas y con su sexualidad, pues la idea principal es que basta usar Axe para tener a las mujeres a sus pies. ¿En verdad alguien se traga esa publicidad tan mediocre? ¿En verdad necesitas usar Axe para poder acostarte con una chica?

Este es, sin duda, el más machista de los cuatro anuncios. Sobre todo porque se burla con especial énfasis (con “mariconería”) de la “sensibilidad” (“propia de las mujeres”, según el anuncio) en los hombres. La idea sexista es que el hombre no puede ser sensible y no puede expresar afectos (¿o acaso solo se puede expresar a golpes?), debe ser “macho”, “varón”, insensible y un largo etcétera, diferente a los “28 días” de las mujeres y su “sensibilidad” risible. Esta imposición de un solo tipo de masculinidad polarizada, una propuesta sumamente fascista por cierto, se emparenta con el uso del shampoo. Se recurre al machismo para vender un shampoo práctico (contra la caída de pelo y la caspa) porque, en la lógica de esta publicidad, el resto no tiene nada que ver con “ser hombre”. Esto resulta sumamente sospechoso en una época en que las identidades son asuntos sumamente problemáticos y nadie puede afirmar sin más que “ser hombre es esto y punto”.

La mariconización del actor es una muestra clara de aquello que se quiere ocultar: los hombres de esta época somos más sensibles, nos preocupa más nuestra apariencia (en mi caso no me gusta oler a rosita, aunque a veces uso colonia) y eso no nos hace menos hombres, seas homosexual, heterosexual, bisexual o travesti de closet. Que el actor se burle de esos atributos es una muestra clara de con cuanto énfasis se intenta reformar aquello que irreversible: aunque parezca mentira, las sociedades tercermundistas como esta, lentamente, entienden que uno no es menos hombre por usar un shampoo o productos “de mujer” (¿Head&Shoulders es un shampoo de mujer?), ni por manifestarle cariño a la persona que ama, ni por dejar que su novia o su esposa vea el fútbol con él. Ideas tan estúpidamente arcaicas solo son alimento para la mala publicidad y la falta de creatividad, aquellas que se juran novedosas y originales cuando en realidad solo repiten el primitivo discurso sexista de sociedades en desarrollo, en donde el hombre debe apestar, no tener modales y tampoco demostrar afecto, donde la mujer es solamente un accesorio “moradito” y “estrambótico”.


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