El homosexual como sujeto sexual descontrolado


Hace un rato, mientras revisaba en Facebook las actualizaciones del día, me topé con una noticia del MHOL sobre la presunta violación a un menor dentro de un albergue del Inabif. Si bien estoy de acuerdo en que toda justificación de un abuso es deplorable y sumamente perversa, en el caso de los gays este tipo de discursos señala también una tarea pendiente. Varios meses atrás, me pregunté si los homosexuales éramos más promiscuos y la conclusión fue afirmativa.

Sé que muchos dirán, y con razón, que los heterosexuales y bisexuales (o, en general, los que se consideran ‘no homosexuales’) también lo son. Es cierto, no es algo exclusivo de los homosexuales. Sin embargo, como esa vez, quiero ir un poco más allá. Sigo creyendo que, en el caso de los homosexuales, es sumamente problemático tener una imagen social emparentada con la promiscuidad; por ejemplo, hasta hace poco, un requisito para donar sangre en un hospital era no ser homosexual (o, dicho más suavemente, no haber mantenido relaciones sexuales con otros hombres). El problema de mantener una imagen social negativa es que la comunidad LGTB (en la cual me incluyo) requiere una mejor carta de presentación para legitimar sus derechos y su visibilidad. En el siglo XIX, por ejemplo, cuando se desarrollaban y sistematizaban las patologías, la homosexualidad era descrita en términos de falta de control o simple impulsividad por el sexo. Por ello, desde al menos el siglo XIX, el homosexual es construido como un sujeto sexual impulsivo, incapaz de controlar su sexualidad. De ahí que no sorprenda que en estos años, cuando un homosexual es abusado, aparezcan estos discursos perversos que intentan legitimar una violación: el antecedente es esa imagen del homosexual, el sujeto sexual peligroso por excelencia. Estos, qué duda cabe, también están en relación con la supuesta peligrosidad que representa un homosexual frente a un niño (el peligro del abuso del menor o de que lo ‘convierta’ en homosexual).

Pero no quiero irme por la tangente. Quiero recordar ese caso que sucedió hace un par de años, se trata de un estilista homosexual que fue violado en una comisaría: hasta donde se supo, dos agentes le introdujeron por el ano la vara reglamentaria, lo que ocasionó una serie de trastornos fisiológicos en el recto. La justificación de los efectivos, qué sorpresa, fue que el estilista se lo había buscado, que de alguna manera él lo deseaba. A mí me resulta fuerte e injusto, y me cuesta creer una versión como esa, pero al mismo tiempo pienso en los condicionamientos discursivos de una sociedad tan homofóbica como la peruana.

Muchos tontos útiles creen que cuando salen a cacarear en sus Marchas del Orgullo, especialmente vestidos de putas y bataclanas, se vuelven ‘visibles’ ante una sociedad que los margina y los oculta. Nada más absurdo: el gay como sujeto sexual que no puede contenerse (un desesperado por sexo, como en el caso del Padre Maritín frente y su ‘marido’ en El Especial del Humor) está presente en todos los medios, a veces incluso en el horario familiar, a la hora del almuerzo. Es falso que esa imagen de homosexual sea ocultada; por el contrario, existe todo el tiempo, funciona desde los medios masivos para condicionar una visión negativa del homosexual. El mecanismo es claro: si el homosexual existe, tiene que ser así, una loca descontrolada y hambrienta de sexo, graciosa o peligrosa, patológica, absurda. Por ello, cuando un homosexual en la Marcha se presenta como un sujeto sexual con su indumentaria, no hace más que reafirmar el discurso homofóbico cotidiano, ese que precisamente nos margina a todos.

No quiero terminar este texto sin mencionarles una anécdota que me sucedió también el día de hoy, casi en paralelo cuando revisaba las declaraciones del presidente del MHOL en RPP. Hace unos días me creé una cuenta en una conocida página de contactos gay; mi perfil, que no tiene mucho de sexual, recibe algunos mensajes, como es normal con cualquier perfil. Sin embargo, el día de hoy, uno me llamó poderosamente la atención. Dice así:

 hola como estas? soy XXXXXXX de surco tengo 25 años soy pasivo varonil, aguantador, delgado, formado, buen culo, estrechito… estoy super arrecho deseando tu pinga en mi boca para sacarle la lecha hasta la ultima gota y que me rompas todito… no busco compromisos de por medio solo sexo… tienes msn?

Cuando me pasan estas cosas, me queda una sensación de encrucijada: por un lado, el presidente del MHOL dice, y con razón, que toda justificación de abuso es deplorable y perversa; por el otro, un chico gay como cualquier otro, sin conocer siquiera mi nombre, me ofrece sexo de la manera más fácil, como si me ofreciera más bien unas piezas de pollo de KFC. Lo más peligroso de hacer reclamos justos no es que no se atiendan esos reclamos, sino olvidar los problemas de casa. Si existen estas justificaciones perversas con respecto a los abusos, es porque la sociedad tiene esos discursos justificadores que nos disciplinan y condicionan. Entonces, como decía, lo peor no es que el abusador quede impune, sino que el bando de los abusados interiorice ese discurso justificador del abuso. Más claro: lo peor es que los homosexuales crean que, efectivamente, no son más que sujetos sexuales descontrolados y que, a la larga, un abuso contra ellos (nosotros) no es más que una consecuencia de ser homosexuales (sujetos sexuales sin control). Si algo queda claro para mí es que debe haber una actitud de resistencia: la sociedad puede decir que somos monstruos o degenerados sexuales, pero el reto está en demostrar que esas son falsedades.

Si les interesa el tema, también escribí sobre la publicidad sexual gay y una muy fuerte sobre el masoquismo en los homosexuales.

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Una respuesta to “El homosexual como sujeto sexual descontrolado”

  1. Víctor Cerna Says:

    Muy interesante artículo y me identifico plenamente con tu análisis.Felicitaciones por el segundo lugar en el concurso del BLOG LGBT del AÑO! Bendiciones y sigue escribiendo campeón!

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