El potencial subversivo del consolador


En los últimos años el consolador (o dildo) ha generado una considerable aceptación de personas de todas las orientaciones (no solamente de las mujeres y de los homosexuales, como usualmente se cree, sino también de los hombres interesados en brindar a sus parejas un placer diferente), al punto que no es raro que hoy en día se hable de una revolución con respecto al goce femenino e incluso homosexual.

Vamos por partes. La pregunta es evidente: ¿por qué el dildo o consolador habría de generar un gran cambio o revolución? Bien, para comenzar, muchos historiadores encuentran evidencia de instrumentos similares a los dildos hasta hace 30 mil años, de modo que podríamos descartar de plano que el dildo o consolador sea algo nuevo en la historia de la humanidad o de la sexualidad. Sin embargo, lo que yo rescataría de esto es la sofisticación de estos instrumentos, al punto que pueden brindar placeres mucho más intensos y duraderos a los que son capaces de producir naturalmente los genitales masculinos.

Por primera vez podemos notar que la sofisticación en la fabricación de los dildos amenaza la supremacía del falo o pene del heterosexual (en el caso de las mujeres) o del homosexual activo (en el caso de los homosexuales pasivos). Es decir, si una mujer o un gay pasivo tienen la posibilidad de brindarse placer explorando su propio cuerpo mediante un dildo, la supremacía otorgada históricamente al genital masculino estaría amenazada. Y esto por muchas razones: un dildo nunca se pone flácido, hay dildos de todos los tamaños y grosores, hay dildos que pueden brindar sensaciones inéditas y hasta imposibles de alcanzar por cualquier pene (pensemos en los vibradores, por ejemplo). Y hay más: aquel que usa el dildo puede utilizarlo con el ritmo, la profundidad y la fuerza que desee, durante el tiempo que le plazca, sin depender de una pareja.

Esto para las mujeres representa una revolución potencial, porque ellas se están dando cuenta que su propio goce es importante y no depende de la voluntad de un hombre. Hace 50 años una mujer tenía prohibido gozar, su cuerpo y su vagina eran casi un instrumento del placer del hombre, al punto que de este dependía su propio placer. Hoy en día las mujeres son mucho más exigentes con respecto a sus amantes: desean obtener de sus parejas ternura, un buen orgasmo o un pene bien erecto, de acuerdo con sus gustos. Y los hombres hoy en día enfocan gran parte del discurso de la satisfacción sexual según cuanto hacen gozar a la mujer con la que tienen sexo. Podemos decirlo de otro modo: la supremacía natural del falo como instrumento de placer femenino se ve amenazado por el dildo, un instrumento artificial que nunca se cansa, que siempre está disponible, que siempre está erecto, que tiene variedad de texturas, formas y tamaños, y que incluso no transmite ninguna infección de transmisión sexual.

En el caso de los homosexuales, y hablando como homosexual activo, pienso en las implicancias que tendría en mis parejas o compañeros ocasionales. Cuando pienso en un dildo, pienso que compito con un instrumento de látex con muchas ventajas sobre las propiedades naturales de mi falo. Y me hace ser más considerado con respecto al placer de la persona con la que tengo sexo (y lo mismo ocurre con los hombres respecto del placer de las mujeres), de modo que prefiero enfatizar otros aspectos en un encuentro sexual, como los juegos previos y posteriores, las caricias, los besos, las palabras que se dicen, todo aquello que un dildo no puede hacer, más relacionado con lo que la mente puede construir frente a una repetición mecánica. Un dildo puede estar siempre duro (incluso más duro que mi propio pene), pero yo puedo dar ternura, besos, caricias, que complementan en buena cuenta del placer que puede alcanzarse en una relación sexual. Esos activos que se consideran la última Coca-Cola del desierto por tener un pene grande o erecciones de larga duración deben entender que eso no es lo único importante en un encuentro sexual de los tiempos actuales. Hay otros elementos de un encuentro sexual que no deben ser descuidados, de lo contrario su supremacía puede ser subvertida rápidamente.

Quizá muchos hombres u homosexuales activos se sientan amenazados frente a los dildos y sus ventajas. La verdad es que la revolución en potencia de estos instrumentos cada día más sofisticados depende de aquellos que son penetrados, aquellos que finalmente pueden reconocer qué es aquello que les produce más placer, aquellos que finalmente eligen. Esto no es una advertencia apocalíptica, sino una especie de llamado para ser mejores amantes (y mejores personas); es decir, más considerados con respecto al placer del otro y, cómo no, más imaginativos. No vaya a ser que los pasivos (o las mujeres) nos cambien por un pedazo de látex.

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Una respuesta to “El potencial subversivo del consolador”

  1. Activo y pasivo: el poder en el rol sexual « SinPlumas.com Says:

    […] pierde en la oscuridad con un tipo que seguramente es un prostituto. Espero que ahora entiendan que la entrada sobre los dildos no era una […]

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