Nuevas y antiguas


El año 2010 se fue y no tuve tiempo para hacer un recuento de la breve, aunque significativa, historia de este blog sin plumas. Desde el 24 o 25 de octubre hasta ahora, unos pocos meses apenas, han sucedido cosas increíbles, como mantener un promedio de 40 visitas al día (entre 30 y 50), lo cual ha generado que sobrepasara con facilidad las 2500 visitas en total, incluso cuando por semanas no posteé nada. Nunca, nunca pensé que un blog como este alcanzaría cifras semejantes. Y pensar que todo nació de una noche de rabia, de impotencia ante la típica mediatización de los homosexuales en un programa cómico. Esa noche, mientras escribía con prisa los primeros textos, pensaba en una identidad alternativa para los homosexuales, ya no la típica feminización heteronormativa, sino una identidad que desafiara el estándar. Así se inició este proyecto, ese fue el origen, y veo que se ha transformado en algo que puede servir para repensar los clichés. Por eso agradezco efusivamente sus visitas, sus críticas, sus comentarios, sus quejas. Es eso lo que espero de ustedes, estimados lectores, una posición de lucha, una posición para repensar y encontrar nuevas alternativas. No busco un público, sino interlocutores, que hablen, que griten, que insulten, lo que sea, pero que no se queden callados.

Cambiando de tema, yendo específicamente a los post, si bien ha habido un ranking de lo más leído (generado automáticamente por WordPress), yo quiero presentarles mi propio ranking:

En primer lugar, “¿Todo homosexual adora a un fascista?” no solo se convirtió en el post más leído de todos, sino que me parece que es el que mejor me ha salido (modestia aparte). La pregunta que queda es cómo combatir eficientemente el lado masoquista con el que los homosexuales somos construidos por la sociedad heteronormativa. La pregunta es cómo ser homosexuales sin tener ese lastre de víctima y, en cambio, cómo optar por una posición de lucha, pero una lucha útil, eficaz, y no contraproducente (léase como contraproducente la Marcha del Orgullo Gay).

En segundo lugar, “¿Los homosexuales somos más promiscuos?” dio que hablar. En él, aunque quedan preguntas por responder, trazo una hipótesis referente a por qué los homosexuales de Lima vivimos inmersos en el discurso del consumo del sexo. La línea que sigo es pensar que hay una concepción del homosexual como un consumidor de sexo al cual se le bombardea de productos relacionados con sexo y más sexo.

En tercer lugar, “Dime lo que compras y te diré quién eres” explora una respuesta a por qué muchos homosexuales intentan compensar una especie de deuda social con consumo. Comparando a la comunidad homosexual con las minorías raciales de Estados Unidos,  mi hipótesis indica que el consumo de ciertos bienes prestigiosos significa también comprar prestigio social ante la situación de marginalidad y exclusión, de ahí que no sea gratuito que haya tantos homosexuales en el mundo de la “imagen”: estilistas, modistas, diseñadores, entrenadores, bailarines, etc.

En cuarto lugar, “¿Los homosexuales somos más inteligentes?” intenta dar luces sobre esta polémica pregunta, reparando específicamente en la transgresión de la ley heteronormativa desde adentro, entre las sombras, formando una especie de doble identidad (una especie de identidad esquiza, funcional dentro de la heteronormatividad).

En quinto lugar, “El ojo que vigila y castiga” intenta explicar el doble discurso que recorre la historia de la sexualidad en Occidente, a partir de las grabaciones de la Policía de Mansfield (Ohio, Estados Unidos) a un grupo de homosexuales que frecuentaban los baños públicos de esa ciudad. En este post explico que el ojo que vigila y castiga no es un ente aséptico y sin goce, sino que precisamente su goce es el vigilar detalladamente lo ‘horrendo’.

En sexto lugar, “Uniformes y sotanas” intenta explicar por qué sectores tan homofóbicos como las fuerzas armadas y policiales y la Iglesia excluyen un “problema” potencial dentro de sus propias instituciones, las cuales propician la convivencia entre hombres a puertas cerradas.

En sétimo lugar, “Sobre el amor y la victimización” ataca esa idea cursi del amor como solución y satisfacción de todos los problemas de los homosexuales, dejándolo fuera de cualquier lucha o intento de esta. Esta idea cursi del amor (casi una telenovela mexicana en versión gay) es problemática porque neutraliza cualquier intento por cambiar el contexto de marginalidad. Por otro lado, una segunda idea es lo falso que resulta convertir a la relación entre dos hombres al equivalente de una relación entre un hombre y una mujer, quizá por una falta de patrones de socialización (exclusivos de los heterosexuales).

En octavo lugar, en “Sobre los crímenes de odio” pongo énfasis en la poca atención que se les da a las situaciones (las causas) que generan los crímenes contra homosexuales (desde los organismos que luchan por sus derechos). Critico la falta de una campaña de concientización de los riesgos que son precisamente los factores desencadenantes para los crímenes “de odio”. La idea es no descartar el odio hacia los homosexuales como causante de los crímenes, aunque habría que entender que esta incidencia de crímenes contra homosexuales disminuiría si hubiera más precauciones de parte de las víctimas potenciales.

En noveno lugar, “Sobre la moda de tirar sin condón” trata de los peligros que existen al tener sexo sin protección, una práctica que se está volviendo popular en los últimos años y que está reflejada en los videos de páginas como Cholotubegay.com, en donde los amantes de turno tiran sin usar preservativo. Sobre la campaña “Tira con responsabilidad” comentaré en futuros post.

En décimo lugar, y no por ello menos importante, mis más virulentos textos, “Sobre la tolerancia y el respeto” y “Articulando”, atacan a aquellos que creen que luchan cuando asisten a la Marcha del Orgullo. En base a una reflexión de Slavoj Zizek, critico la tolerancia y promuevo el respeto y la diferenciación ante un bloque común (LGTB, le dicen) que no ha servido para nada. También hablo de la performatividad del género ante la oleada genetista que cree que puede explicar cabalmente la orientación (u orientaciones) de la sexualidad.

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