¿Los homosexuales somos más promiscuos?


¿Alguna vez han reparado en los requisitos de un donante de sangre? Es interesante, pues junto a las putas, están prohibidos de donar sangre aquellos hombres que mantienen o han mantenido relaciones sexuales con otros hombres. El presupuesto de esta medida es evidente: existe un riesgo importante de exposición a enfermedades de transmisión sexual en el caso de homosexuales y, por ende, un riesgo de contagio para la persona que recibirá la sangre.

Esta es una idea a la que le he dado vueltas varias veces y quizá sería interesante tener estadísticas imparciales a la mano; sin embargo, sin descartar la importancia de la estadística, mi argumento va por el lado discursivo. Hace unos años, en una clase de Psicología en la universidad, discutimos el tema con la gente del curso y el profesor, un psicólogo. La conclusión, a mi gusto, fue un tanto superficial: había un “nosequé” en los homosexuales que los hacía más propensos a ser promiscuos. Algunos de mis compañeros de clase de ese entonces señalaron que esto se debía a una compensación, originada por la marginación y la represión de los homosexuales en la vida pública, que precisamente se manifestaba en su vida privada. La compensación era ser promiscuos, nada menos. A mí me parece bastante discutible, si nos ponemos rigurosos, echarte toda la culpa a la “represión” y la “marginación”. Debo descartar desde el principio la hipótesis genetista, eso de que el homosexual “por naturaleza” es más promiscuo que el heterosexual, o que lo es porque “es hombre” y los hombres son “arrechos por naturaleza”, a diferencia de las mujeres. Yo no creo que haya mayor diferencia en la naturaleza de las personas (seas hetero, homo, bi, mujer, travesti, trans o lo que quieras performar), creo que debemos reparar más bien en el discurso.

Ordenémonos un poco. Es cierto que el acceso al sexo en el medio homosexual (bares, discotecas, videos, redes sociales, saunas, gimnasios, etc.) es mucho más sencillo, tanto que algunos lo han simplificado a un manojo de preguntas: ¿opción?, ¿edad?, ¿de dónde?, ¿tienes sitio?, etc.  Es una realidad que un homosexual consigue un encuentro sexual con más facilidad que un heterosexual. Es cuestión de echar un vistazo a cuanto chat ha aparecido en Internet. Nicknames con clara alusión sexual están por todos lados: “sexo express”, “sexo al paso” y “choque y fuga” son algunos nombres que se les dan. Lo mismo en algunos baños de supermercados, donde están apuntados correos y teléfonos de gente ofreciéndose para sexo: “mamo rico”, “culito lampiño”, “buena pinga”, etc. Yo trato de encontrar un equivalente entre los heterosexuales para estas prácticas. Sin duda algunos heterosexuales también pueden conseguir sexo con relativa facilidad, pero creo que no con tanta facilidad como lo consigue el promedio de homosexuales. El promedio de los heterosexuales, la gran mayoría podría decir, está regido por el discurso que pinta al hombre como “aprovechado”, que quiere mancillar el “pudor” de alguna mujer; o también por el discurso de que es “más hombre” si tira con más mujeres. También está ese discurso de las abuelitas de que “el hombre propone y la mujer dispone” o de que “el hombre avanza hasta donde le deja la mujer”. Hay una idea enquistada de que la mujer debe proteger su honra, su honor, su pureza y no sé qué tanta tontería. Con otras palabras: socialmente hay un discurso que dice que las mujeres que atracan sexo a la primera son putas, fáciles, de modo que los hombres no las respetarán. Y ojo, no es un discurso simple o superficial, está realmente metido en la cabeza de los miembros de esta sociedad conservadora. Muchas chicas se juran superazadas en este aspecto, sobre todo las más jovenes, pero a la hora de la verdad siguen disciplinadas por este discurso. Esto es un punto importante en nuestro argumento: debido a que socialmente las mujeres son juzgadas si se acuestan sin tanto preámbulo con un hombre, el sexo entre heterosexuales se hace más complicado, requiere más pasos y, por ende, las chances de conseguirlo son menores. Esto me hace acordar a un amigo bisexual, a quien alguna vez le pregunté cuál era para él la diferencia principal de tirar con un hombre y de tirar con una mujer: Es simple, me dijo, con hombres gastas menos y tiras más. Tampoco habría que descuidar ese punto: cuán importante es el dinero en la dinámica del sexo entre homosexuales. ¿No son acaso los homosexuales sujetos económicamente más activos que los heterosexuales que, por ejemplo, crían hijos?

Tratemos de encontrar equivalencias. Un heterosexual puede pagar por sexo en un night club o en un prostíbulo. Un homosexual puede pagar por sexo, pero no hay un espacio exclusivamente diseñado para tal fin. No se me ocurre un prostíbulo de homosexuales (me acuerdo de la película y la novela “La virgen de los sicarios”), a lo mucho los cines porno en donde algunos travestis ofrecen sus servicios a los parroquianos arrechos. Claro, este es un mundo de heterosexuales, de sujetos masculinos. No son muchos los prostíbulos para mujeres que se me ocurren, por ejemplo. Pero de hecho son más o más visibles que los inexistentes prostíbulos de homosexuales. Es cierto, hay escorts en los periódicos, en las páginas de anuncios, en las redes sociales; pero también hay putas y putos para heterosexuales, hombres y mujeres, en esos medios.

Sigamos con las equivalencias. Hace poco recibí en mi correo una invitación para una fiesta pública que presentaba sexo en vivo como función especial (sexo entre hombres, claro). Más allá de lo que me puede parecer algo así, me pongo a pensar en un equivalente para heterosexuales. ¿Hay un evento público que presente sexo en vivo? Quizá haya shows en vivo en algún night club, ¿pero realmente hay un evento público, una fiesta, en donde haya sexo en vivo entre un hombre y una mujer? Una persona me dijo que esto se debía a que los hombres heterosexuales no querían ver a otros hombres teniendo sexo (solo a mujeres), mientras que los homosexuales sí deseaban ver a dos hombres tirando. Esto me parece absurdo, pues si fuera de esa manera no existiría la pornografía heterosexual, donde no solo hay studs follando flacas, sino también panzones y viejos haciéndolo. A diferencia de lo que se podría pensar, cada vez los actores de los videos porno hetero son más feos, más panzones y menos pingones (tengo un amigo que realizó un ensayo sobre la naturalización de la pornografía heterosexual, trataré de que me deje postear algunos alcances de su trabajo).

En fin, una vez más no dejo conclusiones, pero sí varios temas abiertos que cada quien debe pensar por su cuenta. Lo que a mí me parece, o lo que podría explicar esta promiscuidad mayor de los homosexuales, es el énfasis del discurso del sexo al que los homosexuales están expuestos. El énfasis es el siguiente: en buena cuenta me parece que el homosexual ha sido delineado por aquellos que ofrecen productos y servicios (fiestas o lugares de “entretenimiento”, por ejemplo) como un consumidor de sexo. Así de duro. Un consumidor de sexo, de espectáculos, de medicinas, de juguetes, de lugares, de actividades (pajas, orgías, campamentos de sexo, fraternidades que se reúnen para follar), pero todas relacionadas con sexo. Es cierto que entre los heterosexuales esto también se da, pero creo que en el medio homosexual esto está re-concentrado, hay un bombardeo del discurso del sexo que impregna prácticamente todas las actividades que puede realizar un homosexual. El “nosequé” de los homosexuales es el discurso del sexo, de hacer del homosexual un consumidor de sexo. Me pongo a revisar las invitaciones que me llegan y encuentro que todas tienen que ver con sexo en alguna medida.

No niego que el sexo sea algo riquísimo y tampoco me hago el santo, pero quizá habría que pensar un poco en qué conseguimos estando prohibidos de donar sangre (al lado de las y los trabajadores sexuales, nada menos), por citar un ejemplo. ¿Cuál nuestra imagen de salud con respecto a la sociedad en la que nos movemos? ¿No es acaso una buena idea demostrar otros aspectos en los que un homosexual puede manifestarse con plenitud y salir de una clasificación que no lo pinta muy bien?

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5 comentarios to “¿Los homosexuales somos más promiscuos?”

  1. Sobre la nueva moda de tirar sin condón « gaysinplumas Says:

    […] esto porque, como ya he escrito previamente, la figura del homosexual (elaborada por aquellos que nos venden productos o servicios) es casi […]

  2. Nuevas y antiguas « GaySinPlumas Says:

    […] segundo lugar, “¿Los homosexuales somos más promiscuos?” dio que hablar. En él, aunque quedan preguntas por responder, trazo una hipótesis referente a […]

  3. ¿”Cacha con responsabilidad”? « SinPlumas.com Says:

    […] un par de meses intenté responder la pregunta sobre si los homosexuales somos más promiscuos. La respuesta fue afirmativa, aunque no porque hubiera algo “natural” que hiciera al […]

  4. Jesusito Sanchez Says:

    son u asco putijayer son re contra putos no se como sa la meten ase palido hijo de puta paga$ 300 a una puta y tenes para 5 dias estar con ella culiandotela loco ase puto no a la piba la llevas a un telo y listo chau alsadismo jajajajajajaja espero q lo agan putijayer

  5. El homosexual como sujeto sexual descontrolado « SinPlumas.com Says:

    […] caso de los gays este tipo de discursos señala también una tarea pendiente. Varios meses atrás, me pregunté si los homosexuales éramos más promiscuos y la conclusión fue […]

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